Primeros pasos en la macrobiótica

Tanto si has oído hablar de la macrobiótica como si ya te has decidido a experimentarla haciendo cambios en tus hábitos de vida y en tu alimentación, es interesante que te plantees la manera en que quieres y puedes hacer los cambios necesarios para reajustar tu dieta y dejar atrás esos hábitos que sientes que te están limitando o incluso dañando.

Existen dos posibles opciones para dar los primeros pasos:

–          Cambiar de manera gradual y poco a poco.

–          Decir: ¡Stop! Y cambiar de manera drástica.

En cualquier caso, es importante dedicarse a estudiar tanto las bases filosóficas (el orden del Universo, el Principio único, las 5 transformaciones, algo de nutrición desde el punto de vista bioquímico, etc.) como practicar en la cocina, convirtiéndola en el templo de la casa donde una entrega una energía que a muy corto plazo le revertirá en cambios tanto fisiológicos como mentales que intencionadamente o no, extenderá a su entorno.

Algunas personas que intentan cambiar radicalmente su alimentación hacia la macrobiótica pueden sentir que ésta no es adecuada para ellas y abandonan al cierto tiempo de practicar de manera rígida el estándar recomendado.  Las pautas a continuación son de ayuda para un inicio efectuando una transición más gradual que en muchos casos será más duradera.

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1-      Reduce tu consumo de carne y productos cárnicos. Empieza por eliminar la carne roja y reduce la frecuencia semanal o mensual, si ya no la tomas semanalmente, de las ingestas de carne. De este modo, tus sistemas corporales y energéticos se ajustarán más suavemente al cambio. Sustituye el pollo, pavo y otras carnes blancas por pescado. Toma más legumbres.

2-      Reduce tanto el consumo de hidratos de carbono refinados de los productos elaborados con harina blanca (pan, bollería, galletas…) y sobretodo sustituye el azúcar por endulzantes naturales como melazas de cereales, zumo concentrado de manzana, fruta seca…

3-      Elige productos de panadería integrales de los buenos (hechos con harinas ecológicas de buena calidad que no se han congelado, con levadura madre y no con mezclas de harinas reforzadas como los que venden en los supermercados).

4-      Reduce el consumo de lácteos, sustituyéndolos por  bebidas vegetales (leches vegetales: de arroz, avena, kamut, almendra, etc.), mayonesa de tofu o de soja, cremas para untar elaboradas con mantequillas de frutos secos y aprende a elaborar platos que emocionalmente te aportarán la misma energía que los lácteos como natillas veganas, quiche de tofu o queso vegetal, yogures de frutos secos…

5-      Cambia los cereales azucarados del desayuno por un buen muesli sin azúcar, naturalmente dulce a base de fruta seca como pasas, orejones, ciruelas pasas…

6-      Sustituye los bocatas por tentempiés hechos en casa que te aporten energía estable (sustituye el bocata de pan blanco por una torta de avena, por bolas de arroz).

7-      Sustituye las bebidas gaseosas químicas y azucaradas por tés naturales o jugos frescos de verduras.

8-      Si has dado ya estos primeros pasos y te sientes bien, puedes seguir evolucionando tu dieta con esta  propuesta para llevar a cabo una alimentación 100% de origen vegetal. Toma regularmente comidas completas, asegurándote todos los nutrientes, es decir:

–          HIDRATOS DE CARBONO: cereales integrales (arroz, trigo, cebada, mijo, avena, centeno, maíz…) y derivados (pan, pastas y sémolas integrales, cus-cús, bulgur, copos…).

–          PROTEINAS: legumbres: garbanzos, lentejas, judías, habas, guisantes, soja blanca, verde o negra… y derivados: seitán, tofu, tempeh…Frutos secos.

–          LÍPIDOS: aceite de oliva, de sésamo, de maíz…  y mantequillas de frutos secos.

–          VITAMINAS: frutas y verduras incluyendo siempre una ración de verduras verdes poco cocinadas o crudas.

–          MINERALES: usa una pequeña cantidad de algas en cada comida, semillas (sésamo, calabaza, girasol), verduras…

Una alimentación equilibrada y natural es la mayor inversión que podemos hacer en nuestra vida. Así como se construye la salud individual con una forma armoniosa de vivir y de comer, también se está construyendo una mayor armonía social.

¿Cómo aplicar estos cambios en la cocina?

1)      Cocina en casa al menos una vez al día. Prepara una olla de sopa de miso, arroz integral, un salteado de verduras, ensalada, pescado si lo quieres tomar y una tetera con té verde o té de 3 años.

2)      Elabora postres sin azúcar con frutas locales de temporada.

3)      Puedes hacer deliciosas galletas con harinas integrales o copos de avena o copos de arroz, frutos secos y pasas endulzadas con melazas de cereales para tomar en la merienda o como tentempié.

4)      Hoy día se puede conseguir una gran variedad de cereales integrales en tiendas ecológicas especializadas o en cooperativas de consumo responsable. Para desayunar, puedes hacer cremas con ellas y añadirles un poco de leche vegetal, pasas o frutos rojos, cáscara de limón o/y unas semillas o nueces tostadas.

5)      Las sugerencias anteriores ofrecen ideas fáciles que cualquier persona puede adaptar a cualquier estilo de vida para efectuar la transición hacia la macrobiótica de manera flexible y sencilla. Comer macrobióticamente no significa dejar de disfrutar del placer en la comida; de hecho, debería de ser justamente lo contrario ya que los platos naturales más saludables aportan el placer de degustar sabores auténticos que provienen de los que nos aportan los alimentos integrales cultivados ecológicamente, que siempre son más sabrosos que los cultivados con pesticidas.

6)      De manera gradual y a medida que el organismo se limpia de toxinas y memorias de alimentos procesados y quimicalizados, aumenta el gusto por comer alimentos tal y como nos los da la tierra: integrales, con vida; la papilas gustativas recuperan su sensibilidad y sentimos el efecto no solo físico sino también energético de cualquier alimento con mayor intensidad.

7)      Haz que los cambios que has incorporado sean una prioridad para ti, evitando que los antiguos hábitos se vuelvan a hacer sitio en tu vida. Si llegara a suceder, es útil que recuerdes que esto forma también parte del proceso de transición hacia una vida más saludable en todos los aspectos de tu ser y que no significa que estés fallando en tu proceso de cambio o de afianzar la dieta macrobiótica en tu vida. Tanto las apetencias por alimentos “antiguos” menos saludables, como el tomarlos de vez en cuando,  son también importantes en la toma de consciencia que se deriva de lo que experimentamos al tomarlos ya que así se descubre lo bien que se siente una comiendo equilibradamente una vez que se vuelve a la dieta macrobiótica.

Después de una temporada prescindiendo de alimentos procesados, refinados, quimicalizados y extremos y comiendo macrobióticamente, nuestro organismo aprende a asociar sensaciones placenteras a comer de esta manera. Entonces las apetencias por la comida basura o procesada disminuyen hasta desaparecer. Esto, aparte de por haber cambiado nuestras memorias celulares, sucede también debido a que comiendo alimentos integrales de manera adecuada a nuestras características personales, se equilibra el nivel de azúcar en sangre. Este momento en el que nuestra mente ya no vibra con alimentos basura, es el momento en que empezamos a comer con libertad infinita en vez de mecánicamente o compulsivamente.

Recuerda que cualquier transformación desde la propia experiencia es un proceso que requiere de tiempo para encarnarse en una. La adopción meramente intelectual de teorías e incluso de prácticas sin dar tiempo a que se conviertan en parte de la esencia de una no son cambios sólidos, ni duraderos, ni honestos. El cambio de una alimentación convencional moderna a la macrobiótica requiere de mucha perseverancia. En este viaje pueden aparecer tanto etapas en las que te sientas maravillosamente como etapas más difíciles que parezcan frustrantes, la mente puede entrar en confusión y querer volver atrás buscando excusas para volver a consumir alimentos dañinos.

George Ohsawa enseñó que “cuanto mayor es la dificultad, mayor es también la satisfacción”. Esto se puede aplicar a cualquier tema que un@ trata de controlar.

Un proverbio chino muy antiguo también afirma: “¡Paciencia! Un viaje de 100.000km siempre empieza dando el primer paso”.

En esta época en la cual todo se mueve a un ritmo frenético, estas sabias afirmaciones pueden parecer irrelevantes. La macrobiótica se incorpora día tras día, comida tras comida, año tras año. Habrán días en los que se te quemará el arroz y se te pasarán las verduras, otros en los que el arroz te quedará demasiado blando y las legumbres demasiado duras… ¿Cuál es la alternativa? ¿Volver a antiguos hábitos o perseverar para desenvolverse de manera óptima con los nuevos? Una de las mejores lecciones que me ha dado la macrobiótica y que me sigue dando después de tantos años es que hay que afinar en el arte de disminuir el ritmo en la vida cotidiana. Readaptar los ritmos de la vida moderna a los de la naturaleza para recuperar la paz y el sentido de pertenencia a un proceso atemporal y eterno.

Preparar un menú macrobiótico va más allá de la simple cocina. Implica presencia y práctica del “aquí y ahora”, es pura alquimia que va más allá del alimento en sí. Es una forma de meditación activa que incorpora el ritual cotidiano que nos nutre y sustenta la vida. Esto es algo que no se puede comprar, que no se puede obtener con dinero sino con la constancia y la dedicación.

©Traducción libre y adaptación de Agnès Pérez de un texto de Fred Pulver. Todos los derechos reservados. Lo puedes compartir desde esta web. Si deseas difundirlo en otra web o revista, ponte en contacto conmigo.

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