PROPORCIONES DE ALIMENTOS VEGETALES Y ANIMALES EN LA MACROBIÓTICA

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Michio Kushi transmitió enseñanzas muy valiosas en los seminarios que impartió en Barcelona, cuando la macrobiótica era aún muy desconocida en este país. Sus conferencias están recogidas en diferentes documentos y cuadernos editados por Obelisco. Aquí tenéis una pequeña muestra. 

¿En qué proporción debemos comer los alimentos?
¿Qué relación hay que respetar?

Veamos.
Tenemos por un lado, 2.800 millones de años de evolución de la vida dentro del agua, y por otro 400 millones de años de evolución sobre la tierra. La proporción entre ambos períodos es de 7 a 1. Pero como el hombre es un animal terrestre esta proporción debe invertirse; debemos comer por tanto más cantidad de vegetales terrestres que acuáticos, manteniendo una proporción de 7 partes de los primeros por 1 de los segundos. Es decir, que si el total de lo que ingerimos lo considerado como 8, la cantidad de sopa debe ser 1, de tal modo que la proporción se mantenga en 7 a 1. No tomen dos o tres boles de sopa. En Oriente hay un proverbio que dice el necio repite sopa tres veces”.

Si incorporamos a nuestras comidas alimentos de origen animal, estos deben estar también, con respecto a los de procedencia vegetal, en una relación de 7 a 1. Y, como ya les dije anteriormente, es preferible que corresponda a animales lo más alejados posibles del hombre, evolutivamente hablando. Así que, repito, si les gusta este tipo de alimentos cómanlos en una proporción de 7 a 1, vegetal y animal respectivamente, y escojan preferentemente pescado.
Dicho de otro modo, la cantidad de alimentos animales no debe sobrepasar el 15% del total de la comida.
Examinemos ahora nuestra dentadura. Esta consta de 32 piezas. Ocho de ellas, los incisivos, son dientes cuya función es cortar verduras. Pueden comprobar este hecho observando que los tigres y leones no los poseen. Los dientes de estos y de los demás carnívoros son puntiagudos, hechos para desgarrar. Nosotros contamos con cuatro de ellos, los caninos.
Finalmente las veinte piezas restantes, cinco de cada lado, arriba y abajo, son los premolares y molares, cuya función, como su nombre indica, es moler.

¿qué alimentos necesitan ser molidos?…
Los granos.
Tenemos, pues, en total 28 piezas para los alimentos de procedencia vegetal y 4 para los de origen animal.
¿Qué proporción hay entre ellos? 7 a 1.

Así pues, repito, pueden ustedes comer alimentos de origen animal mientras la cantidad no sea mayor que el 15% del total de su comida, y acompañándolos siempre con vegetales, sus antagonistas complementarios.
Ahora pueden ustedes comprender por qué les apetece comer ensaladas con  la ternera, o por qué después de una comida rica en carnes desean tomar frutas o jugos de fruta.
El reino animal, yang, es antagonista y complementario del reino vegetal, yin, de tal modo que si toman demasiado de uno de ellos atraerán lo equivalente del otro.
Por eso vemos que las personas que han comido gran cantidad de carne de mamífero, de leche y de queso, se sienten luego atraídas por las verduras hasta el punto de convertirse en vegetarianas.

La alimentación básica del hombre la constituyen los cereales, siendo suplementarios el resto de los vegetales, los cuales deberemos cocer adecuadamente con objeto de adaptar los más primitivoslas condiciones climáticas de hoy día.

Michio Kushi, Seminario de macrobiótica en Barcelona, 1977

LA EFICACIA DE LA MACROBIÓTICA FRENTE A OTRAS OPCIONES

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La macrobiótica, entendida como el conjunto compuesto por alimentación, estilo de vida y sistema filosófico basado en la medicina oriental puede aportar grandes cambios, tanto a corto como a largo plazo en personas que la practican.

Esta transformación que muchas personas, cada vez más, hemos experimentado sobre todo durante la primera época (que puede ser de varios meses o años, se debe básicamente al cambio de dieta, a la incorporación de hábitos saludables como el ejercicio y a la introspección necesaria para revisar nuestras necesidades, ciertas creencias y aspectos de la vida que también necesitan un cambio para facilitar esta transformación individual mediante nuestra actitud.

Nada nuevo ni diferente con respecto a otras propuestas de bienestar que también incluyen dieta, ejercicio y trabajo interior a través de la terapia y/o estilo de vida. La gran mayoría de las dietas funcionan y aportan una notable mejoría, se llamen como se llamen. Esto nos lleva a deducir que en un principio no es el tipo específico de dieta, ni de ejercicio, ni de estilo de vida en cuestión el que opera “milagros” en nuestro cuerpo-mente sino nuestra propia voluntad de cambio y los cambios de hábitos en sí que nos estamos aplicando. A menudo es más importante para nuestro bienestar momentáneo lo que dejamos de comer, incorporar movimiento y más creatividad en nuestra rutina, concedernos un espacio personal y revisar las actitudes que merman nuestra felicidad que lo que comemos exactamente (dentro del abanico de productos saludables, claro) y que el tipo de ejercicio o disciplina cuerpo-mente-espíritu que practicamos.

Reflexión sobre diferentes maneras de comer

Las dietas convencionales, por ejemplo ir a la dietista para quitarse unos cuantos kilos o mantener el peso adecuado, analizan los alimentos y su combinación para formar los menús en base al aporte de nutrientes estipulado como adecuado para cubrir las necesidades del organismo sin tener en cuenta si estos alimentos son ecológicos o no, si son refinados o no y sin valorar el estado energético que crea su consumo a medio y largo plazo. Sólo contemplan el efecto de los alimentos a nivel de peso y masa corporal siguiendo cánones físicos, a menudo establecidos como estéticos por la industria de la moda.

Otras dietas, aunque sean extremistas, pueden ayudar a corto plazo a equilibrar una condición muy desajustada y por tanto extrema, como por ejemplo una dieta crudi-vegana ayuda a relajar, enfriar y desintoxicar una condición muy tensa y con demasiado calor interno producida por el excesivo consumo de carne, embutidos, huevos, sal y estilos de cocción contractivos con mucho fuego (barbacoa, horno, ahumado, proteína animal madurada y conservada en sal). A medio o largo plazo, dependiendo de la constitución de la persona, estas dietas a base de alimentos vegetales crudos, pueden debilitar a la gran mayoría creando frio interno, apagar el fuego digestivo, apagar la libido, etc.

El veganismo, muy noble en su causa de erradicar el sufrimiento animal evitando su asesinato y consumo, a menudo no concede importancia ni al origen de los alimentos, ni a su calidad, ni a cómo afectan los alimentos a la salud humana y por eso existen personas que lo dejan al sentirse debilitadas o no entender el proceso de cambio que se está dando en su fisiología al haber dejado de comer proteína animal o por haber detectado en analíticas niveles bajos de b12, hierro y/o vitamina D. Es posible comer vegano sin carencias o debilidad, ni a medio ni a largo plazo, y de hecho muchas personas lo consiguen estudiando  cómo elaborar menús equilibrados y comiendo alimentos bien cocinados que nutren.

Las numerosas teorías (o modas) alimentarias de hoy día se contradicen entre sí y esto hace que las personas que se inician entren en confusión. Algunas afirman que hay que comer los alimentos crudos porque así están vivos, otras que los crudos al ser muy yin, acidifican y es mejor cocinarlos para quitarles esa acidez y yanguizarlos. Algunas veces se recomienda tomar la fruta entre comidas y otras tomarlas antes de las comidas o tomar poca fruta. Hay quien afirma que no podemos vivir sin proteína animal y quien prescinde totalmente de ella. Los adeptos a los lácteos ensalzan su contenido en calcio mientras que los que están en contra de los lácteos dicen que su calcio no tan asimilable  como el calcio vegetal que aportan almendras, hojas verdes, algas, etc. Para algunas personas el trigo es un alimento ancestral sagrado y para otras, es un veneno tanto por su contenido en gluten como por las modificaciones genéticas a las que ha sido sometido.

Podría seguir describiendo teorías ya que hay muchas muy convincentes.

El simple hecho de cambiar alimentos precocinados, con conservantes, colorantes y pesticidas por verduras frescas y alimentos ecológicos en general proporciona un impacto muy positivo en el organismo que hace que las personas se sientan mejor en poco tiempo.

Esta mejoría viene dada, tal y como describe Mariano Bueno, porque se da prioridad a alimentos regeneradores (que tienen efectos positivos en los procesos metabólicos o biológicos y se les reconoce efectos claramente preventivos de ciertos trastornos de salud o incluso terapéuticos para ciertas dolencias) y a alimentos generadores de vida (imprescindibles para la vida que predisponen a gozar de buena salud) y se reducen o eliminan los alimentos degeneradores (que alteran de forma negativa los procesos biológicos o contienen sustancias potencialmente nocivas o tóxicas), los cuales se reducen a cantidades mínimas o se eliminan completamente de la dieta. Así, se clasifica los alimentos según su aportación global positiva o negativa y a sus efectos nutritivos y saludables.

En la macrobiótica los alimentos degeneradores coinciden con los eliminados de la gran mayoría de las dietas saludables. Son: harinas refinadas, arroz blanco, azúcar blanco, aperitivos salados (patatas fritas, snacks, cacahuetes fritos o muy tostados, leche de vaca y productos lácteos muy procesados con aditivos y azucarados o con edulcorantes químicos, grasas animales y vegetales saturadas o hidrogenadas, carnes procesadas (salchichas, embutidos…), carnes rojas y requemadas, bebidas azucaradas o con edulcorantes, café torrefacto, alcohol sin moderación.

¿En qué se diferencia la macrobiótica de las opciones anteriores?

La macrobiótica da mucha importancia a qué se come, cómo se come, qué propiedades y cualidad energética tienen los alimentos y sustancias que incorporamos a través del medio-ambiente a nuestro organismo. Los clasifica en Yin (expansivos), Yang (contractivos), en alimentos que calientan, enfrían o tienen un efecto neutro, y además tiene en cuenta cómo cambian estas cualidades primarias al ser preparados en diferentes estilos de cocción, al combinarlos entre sí y cómo influyen los diferentes cortes en el caso de las verduras en su sabor y sinergia con nuestro organismo.

……………………………………Extremo expansivo (YIN)…………………………………

Drogas y la mayor parte de los medicamentos.

Productos químicos

Bebidas alcohólicas.

Azúcar refinado.

Complementos vitamínicos.

Edulcorantes: miel, melazas

Jalea real y polen.

Bebidas aromáticas y estimulantes: café, té, menta…

Especias.

Zumos de fruta.

Aceites.

Frutas tropicales.

—————————————–

Frutas.

Lácteos blandos.

Frutos secos.

Vegetales de origen primitivo y tropical: setas, espárragos, solanáceas…

Germinados.

Verduras de hoja.

Verduras redondas.

Raíces.

Semillas.

Legumbres.

Cereales integrales.

Pescado.

—————————————–

Marisco.

Aves.

Quesos curados.

Mamíferos.

Huevos.

Salsa de soja, miso, umeboshi.

Sal marina.

………………………………….Extremo contractivo (YANG)……………………………….

La macrobiótica recomienda consumir mayormente, en porcentajes flexibles y adaptados a cada circunstancia los alimentos en verde del diagrama anterior.

La diferencia fundamental entre la macrobiótica y otros sistemas dietéticos estriba en que ante todo en que no es puramente una dieta sino un acercamiento a las leyes dialécticas del Orden del Universo. Contiene una alimentación preventiva que no considera los desajustes de salud como un enemigo que hay que combatir sino como una ruptura en primera instancia de un equilibrio (sodio/potasio, yin/yang, positivo/negativo, etc). La macrobiótica se desarrolla a través de la comprensión del Principio Único y aplica conocimientos de nutrición para equilibrar la condición física y fisiología de nuestros órganos y sistemas corporales, así como nuestra condición mental (por ejemplo, ayuda a centrar a una persona dispersa).

¿Por qué funciona la macrobiótica?

La macrobiótica funciona porque no sigue dogmas ni estándares estrictos y cambia sus pautas al ritmo de los cambios físicos, mentales y ambientales de cada persona. La macrobiótica nos puede acompañar toda la vida ya que se adapta a ella y a sus circunstancias.

Cuando una persona inicia un cambio de alimentación se valora su constitución, su condición, su momento y su proceso individual. Se la guía con un esquema que se puede aplicar para regularse durante unos meses y a medida que se va sintiendo mejor y también cambia su estado energético, sigue cambiando el conjunto de su alimentación por sí misma a través del estudio y de la auto-observación. En el marco de la macrobiótica medicinal nos hacemos cargo y nos responsabilizamos de nuestro propio proceso en vez de derivar esta responsabilidad en otra persona. Es una medicina del cuerpo entero. La enfermedad es considerada como una advertencia, como un signo amistoso.

La  macrobiótica anima a la auto-reflexión, estimula la consciencia del sí-mismo, la maestría del sí-mismo. Es una vida-alimentación-sanación para la liberación. En la macrobiótica es la persona quien se ha de sanar a sí misma y ser totalmente responsable de sí misma sin depender de un médico, nutricionista o terapeuta. La curación macrobiótica empieza por la auto-reflexión, aunque ésta no se refiere sólo la enfermedad física, sino que se ha de revisar y cuestionar todas nuestras actitudes, nuestros pensamientos y creencias, nuestra alimentación y estilo de vida. La auto-reflexión es el principio básico de la macrobiótica y el auto-diagnóstico es su herramienta práctica.

En el caso de que exista una patología, la persona se puede cuestionar:

–       ¿Dónde se encuentra la causa?

–       ¿Está relacionada con la alimentación?

–       ¿Es de origen emocional?

–       ¿Es algo externo que me está afectando?

–       ¿Quién es responsable?

Tras descubrir la causa de la enfermedad se ha de proceder a un cambio radical en la dinámica de vida, en el comportamiento o actitud hacia las personas y nuestro entorno, pero el primer cambio ha de ser el cambio de alimentación.

Poco a poco, esta nueva alimentación influirá en los comportamientos y en nuestra percepción de un mundo más unido y universal que se irá imponiendo en nosotros de manera natural.

El reencuentro de la salud, una vida plena y longeva, confianza renovada debido a la pérdida de miedos ancestrales profundos son sólo algunos de los efectos de esta revolución interior.

Primeros pasos en la macrobiótica

Existen dos posibles opciones para dar los primeros pasos:

–          Cambiar de manera gradual y poco a poco.

–          Decir: ¡Stop! Y cambiar de manera drástica.

En cualquier caso, es importante dedicarse a estudiar tanto las bases filosóficas (el orden del Universo, el Principio único, las 5 transformaciones, algo de nutrición desde el punto de vista bioquímico, etc.) como practicar en la cocina, convirtiéndola en el templo de la casa donde una entrega una energía que a muy corto plazo le revertirá en cambios que intencionadamente o no, extenderá a su entorno.

Algunas personas que intentan cambiar radicalmente su alimentación hacia la macrobiótica pueden sentir que ésta no es adecuada para ellas y abandonan al cierto tiempo de practicar de manera rígida el estándar recomendado.  Las pautas a continuación son de ayuda para un inicio efectuando una transición más gradual que en muchos casos será más duradera.

1-      Reduce tu consumo de carne y productos cárnicos. Empieza por eliminar la carne roja y reduce la frecuencia a mensual de las ingestas de carne. De este modo, tus sistemas corporales y energéticos se ajustarán más suavemente al cambio. Sustituye el pollo, pavo y otras carnes blancas por pescado. Toma más legumbres.

2-      Reduce el consumo de hidratos de carbono refinados como los productos elaborados con harina blanca (pan, bollería, galletas…) y sobretodo sustituye el azúcar por endulzantes naturales como melazas de cereales, zumo concentrado de manzana, fruta seca…

3-      Elige productos de panadería integrales de los buenos (hechos con harinas ecológicas de buena calidad que no se han congelado, con levadura madre y no con mezclas de harinas reforzadas como los que venden en los supermercados).

4-      Reduce el consumo de lácteos, sustituyéndolos por  bebidas vegetales (leches vegetales: de arroz, avena, kamut, almendra, etc.), mayonesa de tofu o de soja, cremas para untar elaboradas con mantequillas de frutos secos y aprende a elaborar platos que emocionalmente te aportarán la misma energía que los lácteos como natillas veganas, quiche de tofu o queso vegetal, yogures de frutos secos…

5-      Cambia los cereales azucarados del desayuno por un buen müesli sin azúcar, naturalmente dulce a base de fruta seca como pasas, orejones, ciruelas pasas…

6-      Sustituye los bocatas por tentempiés hechos en casa que te aporten energía estable (sustituye el bocata de pan blanco por una torta de avena, por bolas de arroz).

7-      Sustituye las bebidas gaseosas químicas y azucaradas por tés naturales o jugos frescos de verduras.

8-      Toma regularmente comidas completas, asegurándote todos los nutrientes, es decir:

–          HIDRATOS DE CARBONO: cereales integrales (arroz, trigo, cebada, mijo, avena, centeno, maíz…) y derivados (pan, pastas y sémolas integrales, cus-cús, bulgur, copos…).

–          PROTEINAS: legumbres: garbanzos, lentejas, judías, habas, guisantes, soja blanca, verde o negra… y derivados: seitán, tofu, tempeh…Frutos secos.

–          LÍPIDOS: aceite de oliva, de sésamo, de maíz…  y mantequillas de frutos secos.

–          VITAMINAS: frutas y verduras incluyendo siempre una ración de verduras verdes poco cocinadas o crudas.

–          MINERALES: usa una pequeña cantidad de algas en cada comida, semillas (sésamo, calabaza, girasol), verduras…

9-     De manera gradual y a medida que el organismo se limpia de toxinas y memorias de alimentos procesados y quimicalizados, aumenta el gusto por comer alimentos tal y como nos los da la tierra: integrales, con vida; la papilas gustativas recuperan su sensibilidad y sentimos el efecto no solo físico sino también energético de cualquier alimento con mayor intensidad.

10- Haz que los cambios que has incorporado sean una prioridad para ti, evitando que los antiguos hábitos se vuelvan a hacer sitio en tu vida. Si llegara a suceder, es útil que recuerdes que esto forma también parte del proceso de transición hacia una vida más saludable en todos los aspectos de tu ser y que no significa que estés fallando en tu proceso de cambio o de afianzar la dieta macrobiótica en tu vida. Después de una temporada prescindiendo de alimentos procesados, refinados, quimicalizados y extremos y comiendo macrobióticamente, nuestro organismo aprende a asociar sensaciones placenteras a comer de esta manera. Entonces las apetencias por la comida basura o procesada disminuyen hasta desaparecer. Esto, aparte de por haber cambiado nuestras memorias celulares, sucede también debido a que comiendo alimentos integrales de manera adecuada a nuestras características personales, se equilibra el nivel de azúcar en sangre. Este momento en el que nuestra mente ya no vibra con alimentos basura, es el momento en que empezamos a comer con libertad infinita en vez de mecánicamente o compulsivamente.

Recuerda que cualquier transformación desde la propia experiencia es un proceso que requiere de tiempo para encarnarse. La adopción meramente intelectual de teorías e incluso de prácticas sin dar tiempo a que se conviertan en parte de la esencia de una misma no son cambios sólidos, ni duraderos, ni honestos. El cambio de una alimentación convencional moderna a la macrobiótica requiere de mucha perseverancia. En este viaje pueden aparecer tanto etapas en las que te sientas maravillosamente como etapas más difíciles que parezcan frustrantes, la mente puede entrar en confusión y querer volver atrás buscando excusas para volver a consumir alimentos dañinos.

George Ohsawa enseñó que “cuanto mayor es la dificultad, mayor es también la satisfacción”. Esto se puede aplicar a cualquier tema que una trata de controlar.

Una de las mejores lecciones que me ha dado la macrobiótica y que me sigue dando después de tantos años es que hay que afinar en el arte de disminuir el ritmo en la vida cotidiana. Readaptar los ritmos de la vida moderna a los de la naturaleza para recuperar la paz y el sentido de pertenencia a un proceso atemporal y eterno.

Preparar un menú macrobiótico va más allá de la simple cocina. Implica presencia y práctica del “aquí y ahora”, es pura alquimia que va más allá del alimento en sí. Es una forma de meditación activa que incorpora el ritual cotidiano que nos nutre y sustenta la vida. Esto es algo que no se puede comprar, que no se puede obtener con dinero sino con la constancia y la dedicación.

Más información sobre consultas y cursos de macrobiótica:

agnesmacrobiotica@gmail.com

TLF: 638  893 371

 

CÓMO CONVERTIR RECETAS TRADICIONALES EN MACROBIÓTICAS

Una de las cuestiones que más preocupan a las personas que quieren cambiar su dieta diaria para hacerla acorde con los principios que rigen la macrobiótica, bien porque están enfermos o porque quieren ganar en salud, es cómo afrontar el día a día en la cocina con los conocimientos culinarios tradicionales. Si se conocen algunos trucos y equivalencias, es fácil convertir un plato dulce o salado en uno macrobiótico: más sano, equilibrado y menos calórico.

Alimentos macrobióticos

La macrobiótica tiene como principio fundamental el equilibrio nutricional y analiza qué efectos tiene lo que ingerimos en nuestro organismo. Básicamente propone alimentos poco o nada procesados por la industria alimentaria, ecológicos, integrales y de producción local. Prioriza el cereal en grano, las verduras y frutas, las proteínas vegetales (entre las que se incluyen las legumbres), las algas, las semillas.

No prohíbe nada, pero generalmente no recomienda el consumo de carnes animales (salvo el pescado y crustáceos), ni lácteos, ni azúcares procesadas, ni alcohol, y tampoco las solanáceas (patatas, tomates, berenjenas). Como nos explica la consultora macrobiótica Agnes Pérez “Los alimentos solanáceos pueden extraer sutilmente el calcio de los huesos y depositarlo en las articulaciones, riñones, arterias y otras zonas del cuerpo“.

Como alimentos extraños para algunos occidentales incluye diariamente fermentados como el miso, la salsa de soja (tamari o shoyu), la ciruela umeboshi, las verduras en piclkes (fermentadas con sal), el gomasio (sésamo con sal) o la tekka (miso, loto, zanahorias, bardana, aceite de sésamo). Y nuevas maneras de endulzar: amasake y siropes de cereales y frutas. Propone un sistema equilibrado de nutrientes: 50% de verduras variadas, 30% de cereales y 20% de proteínas con un caldo de entrante. Todo acompañado de algas y algún pickle.

Cereales y legumbres para platos dulces y salados

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Poco hay que cambiar para hacer un arroz o unos macarrones, salvo que sean integrales y a ser posible ecológicos en ambos casos. Pero es muy interesante el uso de algunos cereales y legumbres para hacer platos dulces. Veamos algunos de ellos:

  • El mijo. Es un cereal muy desconocido, pero muy versátil a la hora de elaborar recetas tanto dulces como saladas. Cuando está cocido queda muy compacto, y esa característica lo convierte en ideal para elaborar albóndigas y para suplir a un bizcocho por ejemplo.
  • Azukis. Es una judía pequeña de color burdeos muy recomendable para personas con falta de vitalidad. Casa muy bien con la calabaza, pero también, añadiendo algo de cacao o algarroba y sirope de arroz, y triturada, puede convertirse en un pastel dulce muy sano.
  • Arroz dulce. Es una variedad de arroz glutinosa ideal para sushi por ejemplo. Como el mijo, convertible en albóndigas, masa de pizza o incluso pestiños junto con pipas tostadas. Con este arroz se elabora también el mochi, una especie de pastillas de arroz, que ralladas se pueden usar para sustituir al queso.
  • Polenta. También es poco conocido y tiene aplicaciones similares al mijo, salvo que se cuece mucho más rápido.

Probando con estas combinaciones es cuestión de echar imaginación. Por ejemplo: si tenemos una trituradora podemos hacer harinas de cereales y legumbres y emplearlas para hacer desde leches vegetales hasta pasta fresca.

Algas, proteínas vegetales y setas en potajes y guisos

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Quienes toman la macrobiótica como su patrón alimentario generalmente acaban por hacer muchas comidas veganas. De esta forma, en lugar de utilizar proteínas animales, se usan vegetales en croquetas, salchichas o embutidos, pero también en los guisos, con un resultado estupendo. Por ejemplo:

  • Seitán y tofu. Derivados del gluten de trigo y de la soja, respectivamente, pueden usarse como sustitutos de la carne en boloñesas o para hacer salchichas y hamburguesas vegetales, por ejemplo. También en cocidos y potajes. Absorben y aportan sabor a los caldos.
  • Algas. Aunque son verduras de mar son estupendas en potajes de legumbres. Sobre todo la hijiki, que junto con verduras, salsa de soja y algo de pimentón no tienen nada que envidiar a unas lentejas o garbanzos con chorizo, por ejemplo. El agar-agar se emplea como espesante y sustituto de la gelatina.
  • Las setas, sobre todo los boletus o las shiitake. En refritos dan un estupendo sabor que recuerda a la carne, tanto que puede hacerse una fabada vegana sin perder sabor.
  • El tempeh. Refrito en aceite de oliva o sésamo puede usarse para una carbonara en lugar de bacon.

Condimentos macrobióticos en la cocina diaria

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Especias fuertes y caldos concentrados dejan paso a otros condimentos con mayor aporte alimenticio:

  • Miso. Es un fermentado de soja, cebada y/o arroz con beneficiosas propiedades entre las que destaca la disminución de productos químicos y toxinas que produce en el cuerpo. Es un excelente sustituto del caldo en cubitos.
  • Salsa de soja. En sus dos versiones: shoyu (con trigo) y tamari (más medicinal) se pueden usar en guisos, salteados y casi cualquier preparación culinaria como sustituto de la sal.
  • Umeboshi. En versión ciruela o pasta es un complemento estupendo para hacer salsas, patés y cremas como mayonesas o el hummus. En versión vinagre puede servir de aliño para verduras escaldadas o cereales.
  • Las semillas. Sésamo, pipas, amapola y otras semillas aportan sabor a aliños, salteados y guisos. El gomasio se hace con sésamo y sal sin refinar.
  • Salsa de tomate. En macrobiótica no se usa por norma general el tomate por ser una solanácea. Se puede sustituir por una salsa que lleva aceite, cebolla, zanahoria, remolacha, miso y laurel.

Versiones dulces de la cocina macrobiótica

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Parece difícil en principio que una dieta que restringe el azúcar tenga una repostería propia, pero es así. En general, para versionar dulces se puede sustituir el azúcar por sirope de arroz o cebada o manzana y combinarlo con cereales, verduras dulces como la calabaza o el boniato y legumbres.

Con algunos conocimientos sobre la composición de los alimentos (qué es proteína, hidratos) y algunos trucos para sustituir condimentos, solo hace falta algo de imaginación y destreza para convertir recetas de toda la vida en macrobióticas . Ganamos salud y sabor e incorporamos a la dieta múltiples beneficios.

Escrito por Helena García Morales – Pachamama.

Fotos de los platos: Agnès Pérez.

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CÓMO Y CUANDO CAMBIAR NUESTRA ALIMENTACIÓN SEGÚN EL YIN/YANG

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TODO CAMBIA.

Todas las manifestaciones del Universo están en constante cambio y resistirse a los cambios que naturalmente nos aporta la vida deriva en estancamiento y a veces, en enfermedad.

Por que es natural el cambio y cada persona se encuentra en un determinado punto de la espiral de su proceso personal, la nutrición despliega un amplio abanico de corrientes alimenticias como son la dieta mediterránea, el vegetarianismo, la macrobiótica, el crudivorismo, el higienismo, el vegetarianismo, la paleo-dieta,  y un largo etc aptas para cada condición y momento personal durante un determinado periodo de tiempo.

Ésta es una de las razones por las que es positivo no idolatrar ninguna dieta en concreto ni adoptar una postura rígida acerca de lo que es mejor, ya que lo mejor es lo que nos conviene en cada momento para evolucionar y caminar hacia el pleno desarrollo de nuestro potencial humano..

Puede que los y las que están en el proceso más puristas vegano, crudívoro o macrobiótico se ofendan a veces por la aparición de ciertos alimentos proscritos por su dieta, ideología, creencias o contrarios a sus necesidades personales en ciertas webs o blogs. Al respecto, opino que lo que le sienta bien a una persona en un determinado momento de su vida puede no sentarle tan bien a otra persona distinta. De hecho, no creo que una determina corriente alimenticia sea “la mejor”, ni en las dietas milagro, ni en las que prometen curación ya que en la curación influyen numerosos factores a parte de la dieta (que es muy importante, sí, pero no suficiente en la mayoría de los casos). Esto no significa que los alimentos estén desprovistos de propiedades “medicinales”, beneficiosas. Tampoco significa que no se tenga que ser estricta en un momento dado para conseguir un determinado objetivo de salud o de desarrollo personal.

No hay alimentos naturales y ecológicos nocivos, pero sí un alimento u otro tiene efectos diferentes en cada persona según su condición de salud y según se combinan con otros alimentos.

Así, los tomates, en la dieta mediterránea aportan vitamina C, refrescan (calman y limpian el exceso de calor en el hígado), son sabrosos y pueden ser un ingrediente adecuado para reducir acumulaciones de grasa en el cuerpo para una persona que no tenga problemas de huesos (se sabe que sus hojas son tóxicas y provocan artritis, y que los frutos contribuyen a crear rigidez en articulaciones y músculos), enfermedades degenerativas, tendencia a crear calcificaciones (depósitos de calcio en órganos, arterias, etc.) o problemas de acidez. Y al igual que los tomates, el resto de los alimentos sin procesar tienen sus características propias, aconsejables o no según cada persona y momento.

A mi parecer, nada es inamovible o igual para toda la vida y lo que puede estar llevando una persona a decantarse por una dieta u otra en un determinado momento, depende de cual es su condición o estado energético. Así, las personas muy yin querrán yanguizarse, y las personas muy yang, sentirán la necesidad de yinizarse.

El tipo correcto de alimentación es aquel que nos permite alcanzar nuestro máximo potencial de salud, ser todo lo sanos que nos permiten nuestros genes y constitución. Nos ayudará a ser lo más y mejor que podamos ser; no nos obstaculizará el desarrollo, pero no nos hará ser más de lo que podemos ser. El tipo equivocado de alimento hará el papel de dique o represa, desviando el crecimiento y frustrando nuestro desarrollo. En otras palabras, será activo en crearnos problemas y “nos hará enfermizos.”

Al efectuar cambios en la dieta hemos de tener claro que dentro de cualquier corriente alimenticia también van a haber cambios y reajustes periódicos en la forma de comer según van cambiando nuestras circunstancias personales y nuestra condición. Y ante cualquier dolencia o cualquier enfermedad, es positivo plantearse qué reajustes y cambios en el estilo de vida, pensamientos, creencias, actitudes, y por supuesto en la alimentación y disciplinas físicas se han de llevar a cabo.

A qué dieta cambiar?

1. Si demasiado yin

1.1- a causa de alimentos crudos, zumos: yanguízate con cereales integrales, legumbres, verduras. Toma sopas de miso.

1.2- a causa de azúcar refinado, alcohol o drogas: yanguízate tomando mucha verdura, algo de cereales, legumbres y proteínas. Evita el exceso de sal. Toma algo de umeboshi.

1.3- si has seguido una dieta vegana estricta durante mucho tiempo y te sientes cansada o con poca vitalidad: incorpora algo de pescado, toma más salteados.

1.4- si has seguido una dieta crudívora y sientes frio y debilidad: hazte amiga del hornillo y empieza a tomar guisos con legumbres o seitán, comida “de la mamá” (sustanciosa y nutritiva)

2. Si demasiado yang

2.1- a causa de carne, huevos, embutidos: adopta una alimentación vegetariana o vegana

2.2- por una dieta macrobiótica estricta (contractiva) mucha sal o grasa: yinízate con ensaladas, algún zumo, más fruta cruda y flexibilízate con ejercicio físico suave y lúdico.

Cómo desarrollar la intuición que nos guía en los cambios

Documentarse sobre nutrición, conociendo la energética de la alimentación, y observar los efectos de los alimentos en el propio organismo es un primer paso. Todo el mundo puede saber si algo le sienta bien o mal.

Cuanto más natural e integral sea lo que comemos, menos necesidad de tomar productos no naturales tendremos, e incluso, cuando el organismo está limpio, si algún día nos metemos en la boca algo con químicos, colorantes u otros, lo notaremos enseguida y lo rechazaremos sin esfuerzo. Nuestra vida se encauzará entonces hacia ambientes libres de tóxicos

Ante todo hay que aprender a distinguir lo que necesitamos realmente y lo que pueden ser antojos. Observando hacia qué tipo de extremos nos sentimos atraídos, podremos conocer más acerca de nuestra condición interna (contraída, tensa, rígida o al contrario dispersa, laxa, con poca voluntad…) y recurrir tanto a la alimentación como a otras herramientas para re-equilibrarnos.

Practicar la observación no es difícil. Basta con buscar un momento cada día (o varios momentitos a lo largo del día) para sentarnos y sentirnos. Entonces nos podemos preguntar: “¿Es esto o aquello adecuado para mi ahora?” Y la información viene, clara y directa.

Responsabilizarnos de nuestra propia alimentación, cocinar al menos una vez al día y sobretodo comer con gozo, deleite y evitando culpabilidades es fundamental. Si no existen libertad de elección, flexibilidad mental y paz emocional a la hora de comer, no sirve de nada tomar alimentos puros y ecológicos ya que la rigidez, el miedo y la culpabilidad son altamente tóxicos.

¡¡Buen provecho!!

©Artículo escrito por Agnès Pérez. Todos los derechos reservados. Lo puedes compartir desde esta web. Si deseas difundirlo en otra web o revista, ponte en contacto conmigo.

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¿EN QUÉ DIFIERE LA MACROBIÓTICA DE OTROS SISTEMAS DE ESTUDIO DE LA VIDA?

Este escrito de Fred Pulver, con el que coincido en opinión, demuestra que la macrobiótica, usada a través el Principio Único como fundamento, no es una doctrina rígida ni se puede encasillar en pautas intelectuales concretas para todo el mundo. La aplicación del Principio Único según una practica el estudio de una misma y se observa como persona con características particulares hace de la macrobiótica una práctica que se amolda a las propias necesidades para ayudarnos a estar mejor en cualquier momento y en cualquier lugar.

Alguien me ha hecho una buena pregunta:

– ¿Por qué no llamar la macrobiótica “estilo de vida saludable?

La macrobiótica se ha construido en base al estudio y a la aplicación del Principio Unificador. Esto es importante y exclusivo de la macrobiótica. Otros caminos que no están basados en este principio pueden funcionar para algun@s, algunas veces, pero no siempre. Cuando se aplica correctamente, creo firmemente que la macrobiótica puede funcionar para tod@s, en cualquier lugar y siempre.

problema es que solo un@s poc@s se toman el tiempo de estudiarla con profundidad para poder alcanzar el punto en que llega a funcionar siempre. De todos modos, si lo que deseais más que cualquier otra cosa es la verdadera libertad, libertad es lo que encontraréis al final de vuestro estudio y práctica de la macrobiótica, y así mismo, también encontraréis salud y paz en el Orden del Universo.

La macrobiótica se define como “el estudio de cómo vivir una gran vida”. Ésta es una linda sinópsis de lo que es la macrobiótica, y de que el nombre que le dio Ohsawa fue una buena elección.

A continuación, expondré algunas características particulares que hacen de la Macrobiótica un estilo de vida único:

1) La macrobiótica se ha construido en base al estudio y a la aplicación del Principio Unificador. Ésta es la diferencia fundamental, importante y exclusiva de la macrobiótica. Sin este principio-guía basado en el Orden del Universo, otras opciones podrán funcionar puntualmente en algunas personas, pero no en todas las personas, siempre.

2) Otros sistemas basados en conceptos intelectuales intentan establecer pautas rígidas para la selección y la preparación de los alimentos. La única norma que hay en la macrobiótica es que los alimentos seleccionados han de ser preparados de acuerdo con nuestras necesidades personales que están en constante cambio. Ésta es la razón por la que la macrobiótica funciona siempre para todo el mundo cuando se la ha entendido profundamente y se la aplica en base al cambio constante al que estamos sujetos.

3) La meta de la macrobiótica es conducir a todas las personas hacia la comprensión del Orden del Universo. Otros sistemas con fundamentos dietéticos están más basados en conseguir la salud que en esta meta propia de la macrobiótica. De hecho, la macrobiótica cree que el signo una salud verdadera es el reconocimiento del Orden del Universo y de la manera en que tod@ podemos vivir en armonía con él.

4) Ningún otro sistema dietético reconoce el valor y la importancia de los cereales integrales como alimento principal, y de las legumbres como segundo alimento más importante para el bienestar de los seres humanos que viven en zonas del planeta con climas templados y tropicales. Estos alimentos son relmente “la base de la vida” y son un soporte mucho más adecuado para el bienestar que el que puede aportar cualquier otro alimento.

5) Ningún otro sistema dietético contempla variaciones según el clima en el que vivimos, la estación del año, y la disponibilidad de alimentos cultivados en la propia localidad, ni tiene en cuenta la constitución y la condición de las personas al cocinar. Esta atención especial hacia las características individuales es también exclusiva de la macrobiótica. En macrobiótica no existe la premisa “una sola dieta para todo el mundo”, sino una comprensión profunda de como ir variando la dieta que elegimos y de ir variando también las técnicas culinarias de acuerdo con nuestras necesidades cambiantes.

6) La macrobiótica reconoce y agradece que las necesidades nutricionales de las personas cambien a lo largo de sus vidas. Ningún otro sistema permite que las dietas cambien, ni tampoco incluye pautas sencillas para poder ajustar nuestra alimentación a nuestras necesidades.

7) Ningún otro sistema es tan flexible como la macrobiótica, que no descarta nada. Al no estar fundamentados en el Principio Unificador que a su vez se basa en el Orden del Universo, otros sistemas no pueden ajustar con facilidad y flexibilidad la dieta, acomodándola a los cambios de condición en las personas.

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Publicado por Fred Pulver el 7 de Julio de 2011 en Facebook

Traducción: Agnès Pérez. 

Primeros pasos en la macrobiótica

Tanto si has oído hablar de la macrobiótica como si ya te has decidido a experimentarla haciendo cambios en tus hábitos de vida y en tu alimentación, es interesante que te plantees la manera en que quieres y puedes hacer los cambios necesarios para reajustar tu dieta y dejar atrás esos hábitos que sientes que te están limitando o incluso dañando.

Existen dos posibles opciones para dar los primeros pasos:

–          Cambiar de manera gradual y poco a poco.

–          Decir: ¡Stop! Y cambiar de manera drástica.

En cualquier caso, es importante dedicarse a estudiar tanto las bases filosóficas (el orden del Universo, el Principio único, las 5 transformaciones, algo de nutrición desde el punto de vista bioquímico, etc.) como practicar en la cocina, convirtiéndola en el templo de la casa donde una entrega una energía que a muy corto plazo le revertirá en cambios tanto fisiológicos como mentales que intencionadamente o no, extenderá a su entorno.

Algunas personas que intentan cambiar radicalmente su alimentación hacia la macrobiótica pueden sentir que ésta no es adecuada para ellas y abandonan al cierto tiempo de practicar de manera rígida el estándar recomendado.  Las pautas a continuación son de ayuda para un inicio efectuando una transición más gradual que en muchos casos será más duradera.

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1-      Reduce tu consumo de carne y productos cárnicos. Empieza por eliminar la carne roja y reduce la frecuencia semanal o mensual, si ya no la tomas semanalmente, de las ingestas de carne. De este modo, tus sistemas corporales y energéticos se ajustarán más suavemente al cambio. Sustituye el pollo, pavo y otras carnes blancas por pescado. Toma más legumbres.

2-      Reduce tanto el consumo de hidratos de carbono refinados de los productos elaborados con harina blanca (pan, bollería, galletas…) y sobretodo sustituye el azúcar por endulzantes naturales como melazas de cereales, zumo concentrado de manzana, fruta seca…

3-      Elige productos de panadería integrales de los buenos (hechos con harinas ecológicas de buena calidad que no se han congelado, con levadura madre y no con mezclas de harinas reforzadas como los que venden en los supermercados).

4-      Reduce el consumo de lácteos, sustituyéndolos por  bebidas vegetales (leches vegetales: de arroz, avena, kamut, almendra, etc.), mayonesa de tofu o de soja, cremas para untar elaboradas con mantequillas de frutos secos y aprende a elaborar platos que emocionalmente te aportarán la misma energía que los lácteos como natillas veganas, quiche de tofu o queso vegetal, yogures de frutos secos…

5-      Cambia los cereales azucarados del desayuno por un buen muesli sin azúcar, naturalmente dulce a base de fruta seca como pasas, orejones, ciruelas pasas…

6-      Sustituye los bocatas por tentempiés hechos en casa que te aporten energía estable (sustituye el bocata de pan blanco por una torta de avena, por bolas de arroz).

7-      Sustituye las bebidas gaseosas químicas y azucaradas por tés naturales o jugos frescos de verduras.

8-      Si has dado ya estos primeros pasos y te sientes bien, puedes seguir evolucionando tu dieta con esta  propuesta para llevar a cabo una alimentación 100% de origen vegetal. Toma regularmente comidas completas, asegurándote todos los nutrientes, es decir:

–          HIDRATOS DE CARBONO: cereales integrales (arroz, trigo, cebada, mijo, avena, centeno, maíz…) y derivados (pan, pastas y sémolas integrales, cus-cús, bulgur, copos…).

–          PROTEINAS: legumbres: garbanzos, lentejas, judías, habas, guisantes, soja blanca, verde o negra… y derivados: seitán, tofu, tempeh…Frutos secos.

–          LÍPIDOS: aceite de oliva, de sésamo, de maíz…  y mantequillas de frutos secos.

–          VITAMINAS: frutas y verduras incluyendo siempre una ración de verduras verdes poco cocinadas o crudas.

–          MINERALES: usa una pequeña cantidad de algas en cada comida, semillas (sésamo, calabaza, girasol), verduras…

Una alimentación equilibrada y natural es la mayor inversión que podemos hacer en nuestra vida. Así como se construye la salud individual con una forma armoniosa de vivir y de comer, también se está construyendo una mayor armonía social.

¿Cómo aplicar estos cambios en la cocina?

1)      Cocina en casa al menos una vez al día. Prepara una olla de sopa de miso, arroz integral, un salteado de verduras, ensalada, pescado si lo quieres tomar y una tetera con té verde o té de 3 años.

2)      Elabora postres sin azúcar con frutas locales de temporada.

3)      Puedes hacer deliciosas galletas con harinas integrales o copos de avena o copos de arroz, frutos secos y pasas endulzadas con melazas de cereales para tomar en la merienda o como tentempié.

4)      Hoy día se puede conseguir una gran variedad de cereales integrales en tiendas ecológicas especializadas o en cooperativas de consumo responsable. Para desayunar, puedes hacer cremas con ellas y añadirles un poco de leche vegetal, pasas o frutos rojos, cáscara de limón o/y unas semillas o nueces tostadas.

5)      Las sugerencias anteriores ofrecen ideas fáciles que cualquier persona puede adaptar a cualquier estilo de vida para efectuar la transición hacia la macrobiótica de manera flexible y sencilla. Comer macrobióticamente no significa dejar de disfrutar del placer en la comida; de hecho, debería de ser justamente lo contrario ya que los platos naturales más saludables aportan el placer de degustar sabores auténticos que provienen de los que nos aportan los alimentos integrales cultivados ecológicamente, que siempre son más sabrosos que los cultivados con pesticidas.

6)      De manera gradual y a medida que el organismo se limpia de toxinas y memorias de alimentos procesados y quimicalizados, aumenta el gusto por comer alimentos tal y como nos los da la tierra: integrales, con vida; la papilas gustativas recuperan su sensibilidad y sentimos el efecto no solo físico sino también energético de cualquier alimento con mayor intensidad.

7)      Haz que los cambios que has incorporado sean una prioridad para ti, evitando que los antiguos hábitos se vuelvan a hacer sitio en tu vida. Si llegara a suceder, es útil que recuerdes que esto forma también parte del proceso de transición hacia una vida más saludable en todos los aspectos de tu ser y que no significa que estés fallando en tu proceso de cambio o de afianzar la dieta macrobiótica en tu vida. Tanto las apetencias por alimentos “antiguos” menos saludables, como el tomarlos de vez en cuando,  son también importantes en la toma de consciencia que se deriva de lo que experimentamos al tomarlos ya que así se descubre lo bien que se siente una comiendo equilibradamente una vez que se vuelve a la dieta macrobiótica.

Después de una temporada prescindiendo de alimentos procesados, refinados, quimicalizados y extremos y comiendo macrobióticamente, nuestro organismo aprende a asociar sensaciones placenteras a comer de esta manera. Entonces las apetencias por la comida basura o procesada disminuyen hasta desaparecer. Esto, aparte de por haber cambiado nuestras memorias celulares, sucede también debido a que comiendo alimentos integrales de manera adecuada a nuestras características personales, se equilibra el nivel de azúcar en sangre. Este momento en el que nuestra mente ya no vibra con alimentos basura, es el momento en que empezamos a comer con libertad infinita en vez de mecánicamente o compulsivamente.

Recuerda que cualquier transformación desde la propia experiencia es un proceso que requiere de tiempo para encarnarse en una. La adopción meramente intelectual de teorías e incluso de prácticas sin dar tiempo a que se conviertan en parte de la esencia de una no son cambios sólidos, ni duraderos, ni honestos. El cambio de una alimentación convencional moderna a la macrobiótica requiere de mucha perseverancia. En este viaje pueden aparecer tanto etapas en las que te sientas maravillosamente como etapas más difíciles que parezcan frustrantes, la mente puede entrar en confusión y querer volver atrás buscando excusas para volver a consumir alimentos dañinos.

George Ohsawa enseñó que “cuanto mayor es la dificultad, mayor es también la satisfacción”. Esto se puede aplicar a cualquier tema que un@ trata de controlar.

Un proverbio chino muy antiguo también afirma: “¡Paciencia! Un viaje de 100.000km siempre empieza dando el primer paso”.

En esta época en la cual todo se mueve a un ritmo frenético, estas sabias afirmaciones pueden parecer irrelevantes. La macrobiótica se incorpora día tras día, comida tras comida, año tras año. Habrán días en los que se te quemará el arroz y se te pasarán las verduras, otros en los que el arroz te quedará demasiado blando y las legumbres demasiado duras… ¿Cuál es la alternativa? ¿Volver a antiguos hábitos o perseverar para desenvolverse de manera óptima con los nuevos? Una de las mejores lecciones que me ha dado la macrobiótica y que me sigue dando después de tantos años es que hay que afinar en el arte de disminuir el ritmo en la vida cotidiana. Readaptar los ritmos de la vida moderna a los de la naturaleza para recuperar la paz y el sentido de pertenencia a un proceso atemporal y eterno.

Preparar un menú macrobiótico va más allá de la simple cocina. Implica presencia y práctica del “aquí y ahora”, es pura alquimia que va más allá del alimento en sí. Es una forma de meditación activa que incorpora el ritual cotidiano que nos nutre y sustenta la vida. Esto es algo que no se puede comprar, que no se puede obtener con dinero sino con la constancia y la dedicación.

©Traducción libre y adaptación de Agnès Pérez de un texto de Fred Pulver. Todos los derechos reservados. Lo puedes compartir desde esta web. Si deseas difundirlo en otra web o revista, ponte en contacto conmigo.

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Macrobiótica y soberanía alimentaria

Una de las características de la MACROBIÓTICA desde que empezó  a expandirse en Occidente es que ha sido y es una filosofía adaptable a los constantes cambios sociales que se han dado en el mundo. Desde tiempos ancestrales hasta hoy en día, numerosas personas de todo el mundo dedicadas a observar la relación entre el modo de vida, la alimentación, la salud y el bienestar han aplicado los principios de la macrobiótica convirtiéndolos en la solución que aporta mejoras en la calidad de vida de quienes la practican.

Muchas personas empiezan a profundizar en la filosofía macrobiótica a través de los interesantes cambios personales que experimentan variando pautas de alimentación. A otras les llama la sana suculencia que ofrece la cocina macrobiótica. ¡¡Qué bien poder mejorar nuestro nivel de energía, salud personal, relación con el entorno y darnos placer comiendo sano!!

La alimentación macrobiótica, da mucho de sí. Va desde la dieta nº7, el estándar 50-60% cereales, 30% verduras, 10% proteínas, etc. hasta la más exquisita cocina gourmet que incluye casi todo tipo de alimentos frescos, integrales, de cultivo local y ecológicos.

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La imagen que se da de la macrobiótica en muchos medios de comunicación no especializados en macrobiótica actualmente, es independientemente de lo que cada uno/a busca en ella, o bien la de una dieta mediante la cual las artistas y determinados personajes de la élite preservan su delgadez y buen tono de piel  o bien la de una dieta peligrosa debido a las posibles carencias nutricionales que le atribuyen cronistas que poco saben de ella y que no la han experimentado ni a medio ni a largo plazo. Esta imagen se aleja de la realidad de la mayoría que la practica, de su verdadera esencia y  corresponde a una aplicación muy parcial del potencial para el cambio personal y social que la macrobiótica nos ofrece.

El objetivo último de la macrobiótica, según las enseñanzas de George Ohsawa es alcanzar la libertad infinita a través de la calidad de vida que en gran medida viene determinada por la calidad de los alimentos que comemos, tomando consciencia de cómo éstos nos influyen a nivel físico, mental y espiritual, y por lo tanto nos ayudan a evolucionar o contribuyen a crearnos desajustes y  enfermedades.

Para alcanzar este objetivo, Ohsawa utilizaba para sintetizar su sistema alimenticio y de vida la noción de vivere parvo, es decir, “vivir sólo con lo que es necesario“, a través de los siguientes principios básicos:

  1. Comer tan sólo cuando se tiene hambre y sólo la cantidad necesaria (o ser consciente de que, fuera de eso, el resto son excesos, aunque sean bien placenteros y a menudo ciertamente innecesarios).
  2. Tomar alimentos provenientes del medio en el que se vive y de temporada (éstos nos corresponderán de una manera más armoniosa, ya que las personas, como los alimentos, somos un producto de nuestro medio).
  3. Evitar tomar demasiadas sustancias o alimentos extremadamente Yin con el fin de favorecer la fortificación del sistema nervioso autónomo (que se considera que constituye la base de un sistema inmunitario eficaz).
  4. Tomar alimentos lo menos manipulados posible (integrales, sin abonos ni productos químicos, etc.).
  5. Masticar concienzudamente cada bocado (1)

La macrobiótica tiene en común con la soberanía alimentaria la potenciación del consumo de alimentos de la estación, cultivados en la propia localidad, y ecológicos (principios básicos 1, 2 y 4) .

La soberanía alimentaria constituye un posicionamiento que planta cara al actual desarrollo de la industria agro-alimentaria. Propone recuperar la tradición agrícola para abastecer a las poblaciones desde sus propios campos, pudiendo controlar y decidir cómo se cultiva, el origen de los alimentos y por tanto su calidad, evitando manipulaciones genéticas y comerciales sobre los mismos.

Michio y Aveline Kushi, en  los años 60, invirtieron todos sus ahorros en potenciar el cultivo ecológico del arroz en EEUU y fundaron Erewon, la primera distribuidora de alimentos orgánicos,  ya que en esos años, sólo se podía comprar arroz integral y alimentos que contenían pesticidas. Hoy en día, la expansión de los negocios de alimentos ecológicos demuestra que estaban en lo cierto cuando apuntaban que “un grano da 10.000 granos”.

La macrobiótica original era un estilo de vida afín al DECRECIMIENTO, el cual argumenta que podemos consumir menos y vivir mejor felizmente.  Es decir, “vivere parvo” o hacer lo máximo con lo mínimo.

La práctica de la dieta macrobiótica es una manera de incidir en el descenso del consumo de productos alimenticios importados o que han sido alterados mediante procesos industriales (refinados, con aditivos, envasados, congelados…) y por tanto, de contribuir mediante los propios hábitos de consumo  en la sostenibilidad. Pero… ¿Comprar productos ecológicos y comerlos aplicando el Principio Único para mejorar nuestra salud es suficiente? ¿Nos quedamos aquí o queremos ir un poco más allá implicando nuestro modo de vida participando en todo lo que podamos en la sostenibilidad de la tierra?

En mi opinión, se hace necesario poner freno al consumo de productos ecológicos que provienen de otro país. Por ejemplo, productos macrobióticos del  Japón o vegetales de Latinoamérica en España. En vez de importarlos de países lejanos, compremos los cultivados en la propia localidad o país y elaboremos en casa los productos típicos del Japón, que se usan en la macrobiótica: el miso, el tamari, el tekka…comprando lo mínimo que proviene del extranjero; comamos algas del Mediterráneo o de Galicia. Hagamos también nuestro propio seitán, leches vegetales, etc. ¡Ahorraremos envases innecesarios y un buen pellizco de euros!

También se debería de integrar la fitoterapia propia de nuestro hábitat y usarla como remedio curativo. Yo lo he hecho siempre. Para mi no tiene sentido emplear hierbas chinas o soluciones ayurvédicas si en el parque natural del Foix, que está a 15mn de mi casa, puedo encontrar tomillo, hipérico, gordolobo, manzanilla, poleo, salvia, espliego, ruda, malva, cola de caballo, llantén, diente de león, ortigas…

Estas hierbas son también fáciles de encontrar en las herboristerías o se pueden plantar en macetas en la terraza.

La soberanía alimentaria entiende  el comercio internacional como un complemento a la producción local. Implica devolver el control de los bienes naturales, como la tierra, el agua y las semillas, a las comunidades y luchar contra la privatización de la vida. (Esther Vivas). Es una llamada a recuperar la resiliencia, la autonomía  y la libertad de los pueblos, a unirnos en comunidades, a  trabajar en colaboración. En resumidas cuentas, es un gran paso hacia la propia libertad y quizás hacia la consecución de la libertad infinita. Para ello, es necesario disfrutar de buena salud y fortaleza, aspectos personales a los que nos lleva un adecuado equilibrio en la alimentación, comprendiendo  a través de la macrobiótica como actúan los alimentos en nuestro organismo para lograr este óptimo nivel de salud que nos permite despreocuparnos de las enfermedades y de la energía destinada a resolver malestares en general. Si la salud física y mental se encuentran en orden, se puede enfocar las energías hacia el trabajo que realmente deseamos desempeñar, hacia proyectos para el cambio social, hacia la soberanía de la localidad, hacia la unión que hace la fuerza, si esto es lo que se quiere hacer.

Artículo escrito por Agnès Pérez©. Lo puedes compartir desde esta página. Si deseas usarlo para cualquier otra web o revista, por favor, contacta conmigo.

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(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Alimentaci%C3%B3n_macrobi%C3%B3tica

ALIMENTOS PERMITIDOS Y ALIMENTOS PROHIBIDOS EN LA MACROBIÓTICA

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NISHIME CORTE
alimentos

¿Por qué algunos alimentos no forman parte de la dieta macrobiótica?

En primer lugar, es útil recordar que no hay una “dieta macrobiótica” y por lo tanto no hay nada que no es parte de ella. La macrobiótica es  entender cómo todas las cosas, incluyendo lo que comemos  tiene una influencia en nosotros. Como resultado de este enfoque “macrobiótico” y de la comprensión de la vida, se han sugerido algunos hábitos de alimentación y  dietéticos para mejorar la salud y prolongar la vida.

La razón por la cual un alimento específico no puede incluirse dentro de las pautas macrobióticas  se basa en su influencia global y en el efecto que un alimento puede tener en relación con estar cada vez más saludable. La misma cantidad de un mismo alimento no tiene el mismo impacto en todas las personas ya que cada uno de nosotros tenemos una constitución y una condición diferentes. Por eso, no hay alimentos prohibidos sino desaconsejados según los objetivos de salud o vida que tenemos. Tomarlos o no modificará nuestro estado energético dirigiéndonos hacia una mayor o menor salud y energía más o menos equilibrada. No hay alimentos buenos o malos sino aconsejables o desaconsejables según nuestro estado personal en un momento determinado.

George Ohsawa  usaba el Principio Único para ayudar a entender mejor cómo nos influyen todas las cosas en el universo  y cómo éstas influyen en todos los fenómenos. Lo hizo usando los términos relativistas “yin”y “yang” como una manera de empezar a entender cómo el cambio y el movimiento ocurren en el universo y como una manera de conectar los eventos aparentemente dispares que aparecen juntos. De esta manera, por ejemplo, e históricamente hablando, Ohsawa, Michio Kushi y otras personas han promovido durante mucho tiempo la importancia y la influencia de los alimentos en nuestra vida cotidiana, especialmente en el papel de la salud y la enfermedad.

Phiya Kushi comenta sobre los edulcorantes: la miel, especialmente si se come en exceso, puede producir resultados no deseados, pero, por supuesto, los resultados pueden variar según la persona  ya que todos somos únicos. Además, todos tenemos diferentes opciones disponibles para nosotros cuando se trata de diferentes edulcorantes que van desde los edulcorantes artificiales y azúcar refinado a la miel, jarabe de arce, azúcar de remolacha y maltas a base de cereales, y cada uno de éstos producen efectos diferentes sobre todo cuando se consumen en exceso. Elegir qué comida es más beneficiosa para nosotros, desde una dialéctica macrobiótica es, obviamente, la que no nos afecta negativamente (o nos afecta positivamente a la mayoría) en grandes cantidades y durante períodos más largos de tiempo.

Por experiencia, la miel, si se come en exceso puede causar dolores de cabeza crónicos, así como otros problemas más serios. Es “más seguro” elegir el jarabe de arce o edulcorantes a base de cereales que  miel ya que su impacto es menor aunque similar. De hecho, los edulcorantes a base de cereales, si se consumen en exceso puede causar, por ejemplo, hinchazón de los pies, entre otras cosas. Pero como todos somos diferentes, cada uno de nosotros debe explorar y descubrir sus propios límites ( “non-credo”) y observar los efectos de no sólo lo que comemos, sino de todo lo que nos afecta . Es importante que consultes la clasificación general de los alimentos aquí antes de proseguir leyendo este artículo y que hayas leído los enlaces anteriores picando las palabras en negrita .

A continuación, tomo como referencia una nueva clasificación que subdivide de más yin a menos yin y de menos yang a más yang los diferentes grupos de alimentos (por ejemplo: EDULCORANTES en: azúcar (lo más yin), miel (sigue siendo muy yin pero un poco menos que el azúcar), mirin (un poco menos yin que la miel), melaza (siendo un yin extremo, es el edulcorante más yang), etc .

Esta clasificación se hace en función de efecto expansivo o contractivo en el cuerpo-mente, del tamaño, del color, del sabor, de la textura, de la época de maduración, de la composición bioquímica y más factores combinados de cada alimento.

[MÁS YIN]

Edulcorantes:

  • Azúcar blanco o moreno: Lo más yin
  • Miel – muy, muy yin
  • Mirin [yin extremo más yin], Jarabe de arce, Azúcar de coco, Zumo de frutas, tales como jugo de manzana, Fruta, cocinada o secos [el yin extremo menos yin]
  • Amazake,  Cebada malteada [más yin], Melaza de arroz integral [más yin aunque el menos yin de los edulcorantes]

Bebidas:

  • Las bebidas químicas que contienen azúcar o edulcorantes – son las más yin
  • El té que contiene colorante – muy yin
  • Café – extremadamente yin sin tostar, un poco más yang si está tostado
  • Leche de soja [extremadamente yin], Zumo de frutas , Todas las bebidas azucaradas , Champagne, Vino , Sake [extremadamente yin]
  • Cerveza –  [extremadamente yin pero menos que el champagne o el vino]
  • Té verde [más yin], Té Negro, Té de hierbas [más yin], Amazake [más yin pero menos que los anteriores]
  • Agua mineral –  [menos yin], soda (agua carbonatada), Agua (pozo profundo), Agua de manantial, Tomillo, Menta, Jugo de zanahoria, Caldo de verduras, Leche de arroz, Té de hoja bancha –  [Kukicha té ramita, menos yin que el bancha], Achicoria, Kokkoh  [menos yin]
  • Té Kombu [menos yang], Té de diente de león, Té de cebada tostado, Té tostado arroz integral, Té Mu, Yannoh (café Ohsawa) – [el más yan de los menos yang]
  • Té Sho-ban [yang], Té  de raíz de lotus, Té de raíz de bardana, té umeboshi, té de raíz de ginseng –  [el más yang]

Lácteos

[Todas la categorías de productos lácteos se omiten de las dietas base y de reajuste]

  • Yogur – el más yin
  • Crema agria – [yin extremo], Queso crema , Mantequilla , Leche, Camembert – [yin extremo pero menos ya que lleva sal], Gruyere – el menos yin de los quesos blandos
  • Roquefort – más yang ya que está curado con sal, queso Manchego curado – más yang aún ya que está curado más tiempo con sal
  • Leche de cabra – más yang que la de vaca

Grasas y aceites:

  • Margarina – la más yin
  • Aceite de coco – [yin extremo]
  • Aceite de cacahuete –  [más yin], Aceite de maíz, Aceite de oliva, Aceite de soja [más yin]
  • Aceite de canola [menos yin], Aceite de semilla de mostaza, aceite de girasol, aceite de sésamo, aceite de Colza,  aceite de cártamo – [menos yin]

Frutas, nueces y semillas [Las frutas son los más yin y semillas son las más yang de las tres categorías]

  • Piña – [las frutas tropicales son el yin más  extremo], Papaya, Mango, naranjas, Pomelo, Plátano, Kiwi, dátiles, uvas, Pasas, Aceitunas, nueces de Brasil, anacardo [los frutos secos tropicales son menos yin que las frutas tropicales pero siguen siendo muy extremos],
  • Pera [más yin], melocotón, albaricoques, Ciruelas, ciruelas pasas, Mandarinas, nectarinas, lima (las frutas de árbol son más yin que las frutas de tierra)
  • arándanos (menos yin), Sandía, Cantaloup, Moras [más yin], nueces de macadamia, pistachos, Avellanas, Cacahuete, pacanas, Avellanas, Almendras
  • castañas (menos yin), Piñones, Nueces, semillas de amapola, Fresa, Moras, Frambuesas, semillas de calabaza, Semillas de calabaza, Semillas de girasol, Semillas de sésamo negro [menos yin]

Algas marina (Verduras del Mar)

  • Nori [menos yin] • Agar Agar (kantén) [menos yin] • musgo de Irlanda [menos yin] • Dulse [menos yin] • Mar de Palm [menos yin] • Arame [menos yin] • Algas [menos yin] • Alaria [menos yin] • Mekabu [menos yin] • Mekabu [menos yin]
  • Wakame [menos yang], Kombu, Hijiki

Hortalizas y legumbres

  • Berenjena -[ extremadamente yin], Tomate, batata, ñames, Patata, shiitake, Pimiento , Frijoles (excepto judías azuki, que son más yang yin), Pepino,  Espárragos, Espinacas, Acelga , Alcachofa, brote de bambú / brotes, aguacates, Calabacín, calabaza de verano, brotes de alfalfa, okra, cebolletas, Coles de Bruselas [extremadamente yin]
  • guisante verde (más yin),  Lentejas , Col púrpura , Remolacha, Repollo blanco, col china, escarola, Kohlrabi, maíz en la mazorca, rábanos, redondo, hoja de diente de león, Lechuga, endibia, Cilantro,  Bok Choy, Perejil, Hojas de mostaza, Cebollino, Hojas de Col,  hojas de nabo, Brócoli, Coliflor,  Kale, Col verde, apio [menos yin]
  • Calabaza [menos yin], puerros,  Rábano, daikon , Ajo , cebollas,
  • nabos [menos yang), colinabo, Salsifíes, pastinacas, Zanahorias, bardana, Raíz de loto, raíz de diente de león , patata Jinenjo  (la más yang de las verduras)

Legumbres y derivados de legumbres

  • Leche de soja [extremadamente yin], Brotes de soja, soja,  Soja negra, Tofu, natto, Guisantes, Judías blancas.
  • tempeh [más yin),  judías  Pintas [más yin], Frijoles Negros, garbanzos , Habas, judías Mung, Lentejas, Azuki [menos yin]
  • Salsa de Soja (extremo yang] y Miso [extremo yang]

Cereales / Cereales y productos de harina

  • fideos ramen [menos yin], Somen fideos, Udon [menos yin]
  • Arroz grano largo [el más yin de los arroces),  galletas de trigo, Cuscús, Tortillas, Chapatis,  Harina de maíz, sémola de maíz (polenta) [ menos yin]
  • Maíz – [menos yin que la polenta], Copos de avena (Avena), galletas de arroz [sin sal son más yin que con sal],
  • cebada perlada, avena, arroz silvestre, Arroz Basmai, Cebada sin pelar,  fideos de trigo sarraceno, grano medio Arroz, Mochi, copos de trigo, arroz dulce, Bulgur, masa fermentada pan integral o pan de centeno, pan integral sin levadura o pan de centeno, pan de arroz Kayu [menos yang] • agrietado centeno [menos yang], galletas de arroz con sal (más yang)
  • Centeno[más yang), Trigo, quinua, arroz integral), Amaranto, teff, Mijo, Trigo sarraceno [el cereal más yang]

Pescado

  • Ostras[menos yang), pescado azul, almeja, pulpo, Atún, Carpa, vieiras, Mejillón,  halibut, Langosta , Trucha, Caballa, abadejo, Bacalao, pez espada, Salmón[más yang]
  • Camarones[más yang], Arenque, Sardina, pescado seco (Iriko),  Caviar  [lo más yang]

Productos animales  (se consumen en muy pocas ocasiones y muchas personas macrobióticas no comen carne)

  • Caracol (lo más yin de los productos animales que son un extremo yang)
  • Carne de cerdo, Carne de res, carne de caballo, Pollo, perdiz, Pato, pavo, Huevo, faisán

Dentro del extremo más yang encontramos: el miso, Salsa de soja, Sal marina (lo más yang de lo yang)

[MÁS YANG]

Conclusión: La Macrobiótica es un estudio experimental  que se lleva a cabo durante toda la vida y no es sólo acerca de la comida. Es sobre la vida misma entendida en términos de yin y yang.

Artículo escrito por Agnès Pérez©. Lo puedes compartir desde esta página. Si deseas usarlo para cualquier otra web o revista, por favor, contacta conmigo.
Clasificaciónes de los alimentos: George Ohsawa (Macrobiótica Zen)  y Carl Ferré (Essential guide of macrobiotics).

Notas de Michio Kushi y del blog de Phiya Kushi

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COCINA MACROBIÓTICA O ENERGÉTICA. QUÉ ES Y CÓMO SE APLICA LA COMBINACIÓN DE ALIMENTOS PARA OBTENER EFECTOS DETERMINADOS EN EL ORGANISMO.

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El aspecto más importante al componer una comida macrobiótica es crear un equilibrio armónico de todas las energías utilizadas. Esto incluye armonizar los sabores, colores, formas y cada comida según la condición de quién la va a comer. Si comprendemos la cocina de este modo, podemos concluir que es el arte más importante y refinado, más desafiante que la música, la pintura, la poesía…

Las pastas de sarraceno sin acompañamiento no son un plato macrobiótico. Por sus propiedades estas pastas pueden aportar beneficios al organismo pero por sí solas no representan un plato macrobiótico. Si las servimos con caldo de shoyu (soja) tampoco son un plato macrobiótico porque no hay polaridad en este plato. Las pastas de trigo sarraceno con shoyu fortalecen los riñones, órganos sexuales y la vejiga, pero obstaculizarán otras funciones, en especial las del corazón e intestino delgado. Las pastas de trigo sarraceno con shoyu necesitan un equilibrio porque ambos son yang y de sabor salado (contraen y activan el organismo). La polaridad yin (refrescante, expansiva, relajante) se la puede dar un poco de cebollino o perejil picados por encima o a veces, unas gotas de jengibre en el caldo que son ingredientes yin y proveen un sabor picante. Este plato de pastas servido con una decoración picante es una preparación macrobiótica.

Al preparar o servir tofu, que es yin, usamos shoyu, que es yang. Pero también usamos un poco de jengibre que es picante para equilibrar la fuerte salinidad del shoyu.

Al comer tempura, que es una preparación muy aceitosa (yin, ligeramente amarga), la servimos con rabanito rallado (yin, picante, disuelve la grasa).

Un ejemplo sencillo pero único de una preparación macrobiótica equilibrada, es un bollo de arroz o musubi que contiene un trozo de umeboshi en el centro. Su forma es triangular y está envuelta por alga nori tostada. El arroz provee una energía tipo metal (otoño) y un sabor dulce.  La umeboshi tiene un sabor agrio (madera-primavera) y la energía estival de las hojas de shiso con las que fermenta y el sabor salado adquirido durante el proceso de encurtido. La nori provee una energía más tipo flotante y un ligero sabor amargo. Esta combinación actica produce un alimente particularmente bien equilibrado y en consecuencia es posible comer solo bollos de arroz durante varios días sin sentir cansancio o tener problemas sino al contrario, puede ayudar a reequilibrar el organismo.

Más allá de las propiedades nutricionales de los alimentos como las calorías, vitaminas, proteínas, etc, siempre es necesario considerar el equilibrio yin/yang.

Enseñanzas de Michio Kushi.

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MACROBIÓTICA, O CÓMO COMER SANO CON VARIEDAD Y COLORIDO

A menudo me preguntan las personas que desconocen en qué consiste la alimentación macrobiótica qué es lo que como. Las posibles respuestas son varias:

1- Como de todo lo que me sienta bien

2- Como cereales, legumbres, algas, semillas y frutos secos, verduras, hortalizas, frutas, algo de pescado si lo necesito o cuando voy a alguna celebración tipo boda, fiesta, etc…

3- Como de todo menos lo que he elegido no comer para potenciar mi desarrollo personal y frenar el desgaste genético causado por la alimentación de mis antepasados.

Pero la cuestión no es solo lo que comemos o no comemos, sino también cómo lo comemos y cómo combinamos los alimentos de nuestro menú para obtener equilibrio, variedad, placer y alegría.

El secreto de la constancia en la dieta macrobiótica es la flexibilidad, el constante reajuste de la misma y la creatividad.

Seamos flexibles y estemos dispuestos/as a cambiar cualquier cosa y todo en nuestras vida, si es necesario.

Para fluir hay que estar dispuesto/a a cambiar nuestras vida, incluyendo la comida que comemos, el lugar en que vivimos, nuestras relaciones, y las creencias que sostenemos.

La vida y la vitalidad se pueden definir de muchas maneras y una de ellas es la capacidad de responder y adaptarnos al medio ambiente, en otras palabras, ser flexible. Si se pierde la flexibilidad, entonces estamos condenados/as al fracaso.

Tal y como apunta Phiya Kushi: “Conviértete en un/a maestro/a de tu propia comida y te convertirás en un/a maestro/a de tu propio destino. Hasta entonces, seguirás siendo un/a esclavo/a de aquellos que controlan los alimentos”.

Si nuestra necesidad en un principio de empezar a comer macrobióticamente es la pureza y la sencillez, no hemos de olvidar que en un plato-menú han de constar diferentes ingredientes:

El cereal, la proteína, una pequeña cantidad de algas marinas, vegetales y las grandes a menudo omitidas verduras de hoja verde ancha poco cocinadas que aportan tanta frescura, magnesio y calcio a nuestro organismo. Y aparte: sopita o crema, condimentos y aliños, semillas, postre…

Hacer tres menus completos al día ayuda a evitar el picoteo entre comidas y a aportarnos sensación de saciedad y contento

También es importante montar platos armoniosos, con colorido. La gran variedad de verduras que podemos cocinar han de ser como un jardín primaveral en nuestro plato: naranjas, morados, verdes, tierras…

La creatividad no está reñida con la sencillez y la pureza.

El menú macrobiótico a continuación lo puede demostrar perfectamente:

SOPA DE VERDURAS DE PRIMAVERA

INGREDIENTES:

Un vaso de lentejas rojas, zanahorias cortadas en flor, apio a cuadritos (un tallo), 100 gr de guisantes, un nabo a cuadraditos, un puerro a rodajas, 3 trozos de alga wakame cortada a trozos pequeños, germinados, perejil fresco.

PREPARACIÓN:

-Agregar todos los ingredientes a 2l de agua con una pizca de sal, a excepción de los germinados.

-Cocer a fuego rápido durante 20 min, apagar, añadir los germinados en el momento de servir, que quede como un jardín.

CHUCRUT

• ENSALADA DE CEBADA CON VINAGRETA DE ALCAPARRAS Y MOSTAZA

INGREDIENTES:

Un vaso de cebada, un ramo de brócoli, maíz tierno biológico, zanahoria cortada a rodajas redondas, cebolla cortada a cuadritos, guisantes verdes frescos, cebollino troceado pequeño, nori tostada.

PREPARACIÓN:

– Cocer la cebada, 1 vaso de cereal por 2 de agua (previamente lavada).

– Dejar hervir 5 min, bajar el fuego y cocer a fuego bajo con tapa 35 min.

– Pasar inmediatamente por el agua fría.

– Lavar el brócoli y cortar las florecitas muy pequeñitas (reservar el tallo para la sopa).

– Escaldar 1 min. el brócoli y la zanahoria.

– Escaldar 15 seg. la cebolla.

– Cocer a parte los guisantes verdes.

– Agregar la cebada junto al maíz y el cebollino troceado.

– Agregar la vinagreta y finalmente las algas nori tostadas cortadas a tiras.

• Vinagreta de alcaparras y mostaza

Ingredientes: 4 cucharadas soperas de mostaza, 1 bote de alcaparras, 1 cucharada sopera de vinagre de umeboshi, 2 cucharadas soperas de concentrado de manzana, un poco de aceite de oliva opcional. Pasar por la batidora.

• TOFU GRILLÉ CON SALSA DE MISO-CEBOLLINO

INGREDIENTES: 1 cucharada de mugi miso, 2-3 cucharaditas de zumo fresco de limón, agua para que el miso quede cremoso, tofu cortado a láminas, 1 cucharada de sésamo tostado y molido, ¼ de taza de cebollino picado.

PREPARACIÓN: Colocar el tofu y el miso en un mortero y hacer puré agregando el agua hasta que quede cremoso. Colocar el tofu en una bandeja para horno y con una cuchara echar el miso por el medio de cada tajada de tofu. Hornear unos 15-20mn, sacar y espolvorear con el sésamo y el cebollino. Servir caliente.

• ESTOFADO DE NABO Y ZANAHORIA CON SHIITAKE

INGREDIENTES: 1 nabo grande, 3 zanahorias, 6 setas shiitake, un cuadradito de kombu, aceite de sésamo (opcional).

PREPARACIÓN: poner las setas y el alga kombu por separado a remojo, cortar el nabo y la zanahoria al estilo nishime, cortar las setas a cuadraditos y saltear en una olla de barro durante unos minutos. Añadir un poco de agua, tapar y cocinar 20-30mn.

• NEMS DE COL RIZADA

INGREDIENTES: 60 gr de fideos de arroz, 1 zanahoria rallada, 2 dientes de ajo picados, 1 cebolla picada, 75 gr de brotes de soja, 1 cc de jengibre rallado, 3 cs de salsa de soja, hojas de col rizada, aceite de sésamo.

PREPARACIÓN: Saltear las verduras unos minutos hasta que queden tiernas. Mezclar los fideos (hervidos previamente), la zanahoria, el ajo, la cebolla, los brotes de soja, el jengibre, el cilantro y las 2 cs de salsa de soja. Escaldar las hojas de col unos minutos (han de quedar verde brillante y un poco crujientes). Colocar la hoja en un trapo y poner un poco de relleno en el interior.

• FRESAS CON KUZU

INGREDIENTES: 500gr de fresones, dos tazas de zumo de manzana, 1 cucharada de kuzu o de arrow-rooth, una pizquita de sal marina

PREPARACIÓN: Lavar y cortar las fresas. Diluir el kuzu en un poco de zumo (a temperatura ambiente), añadir el resto del zumo, la pizquita de sal y las fresas y calentar removiendo hasta que espese.

• TÉ BANCHA

COMAMOS RELAJADAMENTE, MASTICANDO, DELEITÁNDONOS Y CON AGRADECIMIENTO.

RESERVÉMOS UN ESPACIO PARA TRABAJAR CON HONESTIDAD EN NUESTRO CAMBIO PERSONAL.

Y sobretodo no olvidemos que la macrobiótica es un estilo de vida que implica una actitud ante la vida y que por muy ecológico e integral que sea nuestro alimento, también influyen directamente en nuestra salud y bienestar el ambiente social y laboral del que nos nutrimos, así como nuestros patrones de comportamiento y creencias conscientes e inconscientes.

“Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”: Mahatma Ghandi

©Artículo escrito por Agnès Pérez. Todos los derechos reservados. Lo puedes compartir desde esta web. Si deseas difundirlo en otra web o revista, ponte en contacto conmigo.

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