BOCADILLOS VEGANOS SALUDABLES

 

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Existen alternativas mucho más saludables y energéticas que los bocadillos para desayunar, almorzar o merendar, incluso para llevar en el bolso al trabajo como son las bolas de cereal integral, un tupper con cereal integral, verduras y algo de proteína vegetal, pan Ohsawa, Pan de arroz kayu con paté vegetal, hamburguesas de cereal o sushis, pero debido a que el tradicional bocata es ya parte de la  “gastronomía” popular del país, al menos vamos a ver cómo se puede elaborar de manera más saludable.

El bocadillo es un imprescindible en los almuerzos o desayunos de muchas personas ya que es una opción fácil y rápida de preparar.  Actualmente se recurre al pan blanco de trigo + embutido o queso (a partir de proteína animal o veganos),  alternativa nada sana ni ética en el caso de la proteína animal, porque esos panecillos blancos que se descongelan la noche antes para dejarlos preparados,  a menudo son descongelados por segunda vez ya que los que venden los supermercados  llegan allí congelados y allí los descongelan para venderlos como “producto recién hecho” .  Este pan de harina de trigo refinada y adulterada con mejorantes panarios, y por tanto muy pobre en proteínas, vitaminas y minerales que se encuentran en la cáscara desechada del cereal integral  y cuyos cromosomas  originales se han adulterado a lo largo de los años para convertirla en más panificable,  es una bomba para nuestros intestinos y salud en general. No aporta nada más que carbohidratos simples y problemas como hipoglucemia, irritación intestinal, problemas de piel,  e incluso en algunas personas hipersensibles al trigo, puede crear problemas neurológicos según han demostrados estudios científicos recientes.

 

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Apunte: Las personas que estén en un proceso de recuperación de la salud con una alimentación macrobiótica más estricta durante la temporada de reajuste, el pan sólo se debe usar en pequeña cantidad y si realmente se tiene un antojo fuerte. El pan y las harinas en general, crean  muchas mucosidades que dificultan la limpieza del cuerpo. La energía del pan es muy fuerte, muy contractiva, muy seca y crea un efecto “tampón” que ralentiza o impide la descarga de toxinas acumuladas. Al igual que el pan todo tipo de harinas horneadas deberán evitarse igualmente durante esta fase que sólo dura un tiempo

¿Cómo hacer tostadas y bocadillos más saludables?.

Un bocadillo hecho con pan integral de calidad, es decir, con harina ecológica integral no adulterada, recién molida y que conserva sus nutrientes, puede incluir lo que nuestro organismo necesita para nutrirse en el desayuno, almuerzo o merienda, pero para contribuir a nuestra vitalidad ha de ser completo y equilibrado.

Aquí  tienes algunos ejemplos de  tostadas para tentempiés o meriendas:

  • de mermelada sin azúcar ni fructosa
  • de paté de avellanas
  • de crema de algarroba
  • de compota de manzana
  • de tofu a la plancha + olivada y verduras
  • montadito de paté de aguacate y tofu a la plancha sobre galleta de arroz.
  • de seitan a la plancha + chucrut
  • de tempeh a la plancha + verduras
  • de paté de garbanzos, de lentejas, de aguacate con umeboshi, de tofu
  • de mantequilla de maíz, de zanahoria, de cebolla o de sésamo con algas
  • de revuelto de tofu con cebolla y maíz
  • de queso vegano

Ø  El pan, siempre elaborado con levadura madre y nunca congelado,  puede ser detrigo sarraceno, de  arroz, de maíz, de espelta, de kamut, de centeno, pan tipo alemán, pan esenio, chapatis sin levadura o pan de pita. Si quieres una opción más ligera, puedes recurrir a las galletas de arroz.

Para elaborar un buen bocata, elige:

1-       Una base para untar el pan y humedecerlo ligeramente, como una olivada, mostaza,  aguacate, tofunesa o, si no te lo impide ningún problema de salud y es verano, época en que se recolecta, tomate. Personalmente no me gusta poner aceite de oliva sobre el pan ya que su uso potencia aún más la creación de mucosidades, pero si lo vas a emplear, que sea aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío.

2-      Diferentes verduras frescas y con un toque crujiente como lechuga, pepino, germinados, zanahoria rallada, apio, olivas, chucrut u otros pickles como pepinillos o alcaparras, col lombarda cortada muy fina y prensada, rabanitos o también verduras a la plancha: cebolla, calabacín, setas con ajo y perejil…

3-      Proteína: legumbres mezcladas con las verduras, paté de legumbres  o de derivados de legumbres como el paté de tofu o de tempeh, hamburguesas de legumbres , falafel…

4-      También puedes sustituir las legumbres por hamburguesas de cereal/ cereal+legumbre, aunque en este caso, mejor que el pan sea ligero para no quedarte con sensación de hinchazón.

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Algunas combinaciones para rellenar tus bocadillos:

Pan de centeno con paté de aguacate y umeboshi, lechuga, germinados de cebolla, tempeh a la plancha y chucrut.

Pan de kamut con paté de campaña de okara, hojas de berro y pepinillos.

Pan de espelta con tomate, rúcula, zanahoria rallada, olivas negras y seitán a la plancha con finas hierbas

Chapati con ensalada de soja negra

Burritos de trigo sarraceno con azukis y niuiké de verduras

Pan esenio con calabacín y tofu ahumado a la plancha

Pan de pita con hummus de judías blancas, olivas y berros

Artículo escrito por Agnès Pérez© con fotos hechas por ella misma. Lo puedes compartir desde esta página. Si deseas usarlo para cualquier otra web o revista, por favor, contacta conmigo.

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TRUCOS PARA HACER GUISOS Y ESTOFADOS MACROBIÓTICOS

 

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Las cocciones largas nutren, aportan calor y fortalecen el organismo. ¿A quién no le apetece, sobretodo en las épocas más frías del año, un guiso completo y humeante  fácil de elaborar o un estofado meloso de verduras  para acompañar el cereal integral?

Muchas personas hemos dejado de comer guisos tradicionales porque también hemos dejado la carne y no nos apetece saturar nuestro organismo con excesos de grasa y sal. Entonces hemos buscado transformar los platos de la gastronomía popular en más suaves, equilibrados, veganizados (sin ingredientes de origen animal) y macrobiotizados (que siguen un equilibrio energético y están hechos con ingredientes integrales, verduras frescas y condimentos naturales). Hacer estos guisos y estofados no es complicado. Sólo se necesita un poco de tiempo, unos pocos ingredientes y volcar nuestro afecto en la olla.

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE UN GUISO Y UN ESTOFADO?

Principalmente el aceite. El guiso  se cocina en una cacerola u olla de acero inoxidable con un poco de aceite de oliva además del agua y es más untuoso. Se puede hacer con tapa o sin ella ya que el agua se ha de evaporar poco a poco para que reduzca.

El estofado se elabora en una cacerola gruesa o bien de acero inoxidable o bien en una olla de hierro fundido o de vidrio. Es una cocción lenta y sosegada. Se mantiene tapado durante toda la cocción para que el vapor que desprende quede retenido dentro de la olla. Por esto energéticamente calma, refuerza y calienta más el interior del cuerpo. En los estofados no se usa aceite y sí un poco de agua. Muy poca en el fondo de la olla para potenciar el sabor dulce de las verduras. Al estofado, en macrobiótica se le da también el nombre de “nishime”.

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EL GUISO, PASO A PASO:

1-      Elige entre ajo, cebolla, chalotas, cebollas de platillo, puerro, cebolleta fresca, calçots, ajos tiernos picados finos que saltearás en una cucharada sopera de aceite de oliva, añadiendo una pizca de sal marina. Saltea con garbo y chispa, removiendo con una cuchara de madera  hasta que la verdura de base haya sacado su agua y se vuelva tierna y pierda ese sabor picante que la caracteriza.  Puedes sazonar con una hoja de laurel  o alguna hierba aromática del monte (romero, tomillo, orégano…)  o incluso mezclar especias como cúrcuma + pimienta recién molidas o darle un toque de pimentón de la Vera si lo vas a compartir con alguien acostumbrado/a sabores contundentes.

2-      Mientras, corta a trozos grandes dos o tres verduras más. Lo ideal es combinar una o dos verduras de raíz (zanahoria, safanoria, chirivía, nabo, napícol, bardana…) con una verdura redonda (calabaza, col –repollo, rizada, lombarda, de Bruxelas- coliflor, calabacín, hinojo, alcachofas, setas…).  Añádelas a la base de verdura salteada, y añade también dos dedos de agua.

3-      Si deseas darle más consistencia, también  puedes añadir boniato, alguna legumbre cocida, seitán, tofu ahumado o tempeh, cortados también a cubos grandes, y que previamente habrás dorado a la plancha.

4-      Si además de la proteína vegetal, quieres añadir cereal integral y hacer un plato completo a nivel de nutrientes, entonces tendrás que cortar las verduras más chiquititas, poner también más cantidad de agua y rectificar de sal la base pues los cereales absorben más líquido y un buen guiso ha de quedar ligeramente caldoso.

5-      Lleva el guiso a ebullición y una vez arranque a hervir, baja el fuego y que haga “chup-chup” durante al menos 20-30mn si no lleva cereal. Si has añadido un puñado de arroz o cebada, entonces tendrá que hervir al menos 45mn. Si has añadido mijo o trigo sarraceno, entonces en 20-30mn estará hecho.

6-      Cuando ya esté cocido, puedes añadir también hierbas frescas finamente picadas (cebollino, perejil, cilantro, eneldo…) u hojas verdes trinchadas finas (hojas de mostaza, kale, diente de león, llantén…) ya que será suficiente que estas verduras se sumerjan en el calor del caldo para que queden en su punto y aporten más ligereza y frescura  al guiso.

7-      Si quisieras añadir al final, miso al guiso, evita echar sal al principio. Usa o sal marina o condimento salado, pero no los dos a la vez.

8-      También puedes sustituir ocasionalmente el aceite de oliva por aceite de sésamo tostado que le dará un toque más exótico y fragante.

9-      Si el guiso es sólo de verduras y quieres espesar el caldo para darle un toque meloso, puedes usar un poco de kuzu o arruruz diluido en agua y añadido al caldo casi al final de la cocción, cuando falten 2-3mn para apagar el fuego. Los guisos de verduras con kuzu son un bálsamo para los intestinos.

En mi blog Cocina macrobiótica mediterránea encontrarás diferentes recetas de guisos, estofados y otras delicias. Te invito a visitarlo si no lo conoces.

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PLAN DE ALIMENTACIÓN MACROBIÓTICA PARA RESTABLECER LA SALUD

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Para entender a la alimentación consciente se requiere reconocer y comprender que existe una relación específica entre los alimentos que se comen (y muy especialmente de los que se han comido) y el estado de situación de la Condición Personal de salud. Se requiere aceptar que, cuando se come continuadamente de una forma que no es la correcta, se activa y se pone en marcha, de manera inevitable, el “ciclo de acumulación de las enfermedades”. A lo largo de ese Ciclo de Acumulación de las Enfermedades, se atraviesa por varias fases de pérdida de la salud de gravedad progresiva y que finaliza con la pérdida de la calidad de la sangre y con una acidificación muy fuerte de todo el organismo.

Una alimentación incorrecta y desequilibrada producirá una gran cantidad de toxinas, desechos y residuos, los cuales se irán acumulando en el organismo, y ante los que el cuerpo responderá siempre tratando de eliminarlas. Dependiendo de la cantidad y de la frecuencia de los residuos generados al cuerpo no le da tiempo a eliminar todo lo que tiene que eliminar y, ante esa situación, se lanzará a procesos de eliminación (o intento de eliminación) cada vez más agresivos y más contundentes que son conocidos como enfermedades menores, como procesos de ajuste o como las enfermedades más serias y graves.

La forma natural de eliminación que se denomina procesos depurativos normales, se realiza por medio de la respiración, de la transpiración, de la orina, de las heces, de los pensamientos o de la voz

La persona atraviesa por sucesivas fases de eliminación:

FASE 1.- ELIMINACIÓN POR AJUSTES ANORMALES.- De manera natural el organismo reacciona con pequeñas enfermedades de ajuste, de entre las que se destacan: tos, fiebre, diarreas, debilidad, falta de energía, fatiga, estreñimiento, dolor de cabeza, vómitos, retención y acumulación de líquidos, acumulación de grasas, sudoración excesiva, temblores, calambres, exceso de peso, insomnio, etc.

FASE 2.- LA ELIMINACIÓN POR LA PIEL.- Cuando el hígado y el riñón comienzan a estar saturados, el organismo reacciona con alteraciones de la piel como: granos, psoriasis, sarpullidos, acnés, sequedad de piel, picores, eccemas, etc.

FASE 3.- LA ACUMULACIÓN POR DEBAJO DE LA PIEL.- La acumulación sigue hacia adentro y se produce el deterioro de fosas nasales, oídos, pulmones, colon, órganos sexuales, mamas, cálculos o piedras, arterias, sistema linfático etc.

FASE 4.- LA APARICIÓN DE ENFERMEDADES GRAVES Y SERIAS.- La continuidad de la acumulación de toxinas, de mucosidad y de grasas va a provocar una condición ácida de la sangre, la pérdida de la función de los órganos y de los sistemas y la degeneración orgánica. En esas circunstancias tiene lugar la aparición de enfermedades “importantes” y “graves” como cánceres, diabetes, esclerosis, artritis, Alzheimer, etc.

REGLAS BÁSICAS DE UNA NUTRICIÓN CONSCIENTE.

Conocer los cuatro principios esenciales:

UNO. Conocer en qué alimento o alimentos se encuentra los nutrientes imprescindibles.

DOS. Salud del sistema digestivo: Asegurarse de que estos nutrientes, una vez que han sido ingerido a través de los alimentos adecuados, son absorbidos por el organismo.

TRES. Saber qué es lo que hay que hacer para no perder o malgastar los nutrientes absorbidos.

CUATRO. Asegurar que se ha tomado los nutriente en las mejores condiciones, tanto para el individuo como para el medio ambiente.

En general:

Usar productos integrales, sin refinar o procesar.

Usar alimentos de procedencia local y del mismo tipo de clima.

Utilizar, principalmente, productos ecológicos y naturales.

Volver a la cocina casera.

Adaptar la alimentación a los cambios estacionales.

Alimentarnos de acuerdo a nuestras necesidades personales.

Escuchar nuestra intuición y los mensajes de nuestro cuerpo..

Comer despacio y masticar muy bien (de 30 a 50 veces por bocado.

Cenar 3 horas antes de ir a dormir (significa cenar a hora temprana).

Mantener un horario de comidas regular (a las mismas horas).

CÓMO EFECTUAR EL CAMBIO A UNA ALIMENTACIÓN SANA QUE TE AYUDARÁ A ESTAR MÁS LÚCIDO/A

Eliminar el azúcar, sus derivados y todos los alimentos que la contengan.

Evitar los productos con tratamientos químicos (seleccionemos siempre que podamos productos ecológicos) y con los pre-cocinados.

Evitar las carnes y los embutidos.

Minimizar (y a ser posible evitar) los lácteos y sus derivados.

Tengamos cuidado de no sustituir los lácteos que eliminamos por productos similares derivados de la soja.

Evitar casi todos los pescados.

Minimizar (y si es posible evitar) el uso del alcohol y de los estimulantes (café y té en especial).

Evitar el consumo de la bollería industrial, de las harinas refinadas y del pan.

Si hay problemas de articulaciones, evitar solanáceas: tomate, patatas, pimientos, berenjenas.

Sustituir la sal refinada, el aceite de oliva (para cocinar) y el vinagre común, por la sal marina, el aceite de sésamo y el vinagre de arroz o de umeboshi.

Consumo diario de cereales integrales en grano, tanto en el desayuno como en las comidas.

Ampliar lo máximo posible la variedad de cereales integrales a incorporar en nuestra dieta.

Uso frecuente de proteínas vegetales (legumbres y derivados).

Tomar todos los días verduras y hortalizas biológicas, y varias veces a la semana fruta del tiempo.

Incorporar todo tipo de verduras (de hoja, de raíz, redondas) en la dieta diaria y cocinarlas de maneras muy variadas.

Completar nuestros platos con semillas tostadas, con algas, con germinados y con los pickles.

Hacer nuestros platos lo más sabrosos posibles.

CONSEJOS DE ESTILO DE VIDA.

Aunque es un puntal muy importante, la alimentación no lo es todo cuando se trata de recuperar la salud y ´reequilibrar las energías. Además hemos de tener en cuenta el estilo de vida, y las pautas básicas que se describen a continuación:

Caminar con paso vigoroso como mínimo alrededor de 30 minutos.

Darse todos los días unas friegas con una toalla húmeda en el cuerpo.

Mantener el cuerpo en movimiento: yoga, shiatsu, chi-kung, etc.

Mantener activas y atendidas sus relaciones sociales y familiares.

Levantarse temprano y no acostarse tarde (antes de la media noche).

Rodearse de plantas verdes: habitación, cocina, baños, espacio trabajo

Llevar prendas de algodón. Usar en casa materiales naturales.

Mantener un diario de menús y efectos que impactan en el organismo.

Tener curiosidad, ser persona abierta y manifestar aprecio por la vida.

Ser flexible y adaptable, pero a su vez con rigor y constancia.

Desarrollar una fuerte determinación para crear la propia salud.

 

Escrito de Javier Iraola revisado por Agnès Pérez .

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Pautas y menús macrobióticos para nutrir los riñones y potenciar la vitalitad

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Los riñones son órganos muy importantes. Rigen nuestro crecimiento, madurez, sexualidad, fertilidad y vitalidad. Como semillas que contienen el potencial de toda la planta, llevan nuestra identidad genética, lo que somos y cuán sanos y fuertes podemos ser.

Los riñones son la fuente del yin y del yang del cuerpo según la medicina oriental.

La teoría del yin yang se usa en oriente para observar y analizar el mundo tanto material como energético. Explica la estructura orgánica, las funciones fisiológicas y los cambios patológicos del cuerpo humano y sirve de guía, junto a otras técnicas para la valoración del estado de salud, para establecer programas de reequilibrio a través de la alimentación u otras herramientas y sobre todo para la prevención de desajustes.

El riñón yin, situado en el lado izquierdo, es la raíz yin de toda la energía yin del cuerpo y representa la base material, los fluidos. Nutre los órganos y los tejidos.

El riñón yang, situado en el lado derecho, es la raíz yang de todas las energías yang del cuerpo y representa la energía, la fuerza motriz y el calor necesario para realizar todas las funciones fisiológicas.

Cuando el fuego del yang arde débilmente o cuando el yin no nutre nuestro organismo, es positivo revisar la condición de los riñones.

El dolor en la parte baja de la espalda no asociado a lesiones, la debilidad en las rodillas y/o muñecas y los problemas de huesos en general como la osteoporosis o artrosis se relacionan con los riñones y se deberá restablecer el equilibrio y que haya una mejora. Los riñones están también conectados con nuestros oídos y el sentido de la audición. Los acufenos son un síntoma de desequilibrio en los riñones según la Medicina Oriental.

La caída de cabello y las canas prematuras también son un indicativo de que hay que cuidar de los riñones.

La esencia de los riñones determina la manera en que vamos a envejecer. Cabello gris, huesos débiles, pérdida de audición, disminución en la elasticidad de la piel, problemas  de dientes, color oscuro debajo de los ojos, manos y pies fríos o reacciones extremas  se relacionan con el estado de los riñones.

La sexualidad saludable y la creatividad forman parte de los aspectos emocionales que tienen que ver con los riñones que son responsables con el estado de la libido y atracción sexual. Los riñones importan para gestar proyectos creativos y creaciones artísticas. Por ello, cuando asolan el miedo o falta fuerza de voluntad, emociones relacionadas con el elemento agua, que representa el inicio de todo ciclo o el origen, se paraliza la evolución personal hasta que se restablece su fluidez. Adaptarse y fluir humildemente con los cambios de la naturaleza y designios de la vida es símbolo de unos riñones más fuertes.

Algo que daña bastante los riñones es el estrés. Cuando las suprarrenales mueven un exceso de adrenalina (la hormona del estrés), los riñones y el corazón se ven afectados. En invierno hay que cuidar más de nuestros riñones procurando interiorización y descanso para recargarnos de energía.

Asimismo, los riñones contienen también la sustancia llamada “esencia” que es similar al ADN y proviene tanto de nuestro padre-madre como del alimento que ingerimos.

¿Qué desequilibra el funcionamiento renal?

Los alimentos y sustancias más nocivos para la salud de nuestros riñones son:

– Alcohol, vino, vinagres, azucares refinados, bebidas gaseosas azucaradas, estimulantes, con efectos desmineralizantes.

– Todo lo de temperatura fría: helados, cubitos de hielo, bebidas frías…

– Los lácteos en todas sus formas. Producen mucosidades, y problemas respiratorios.

– El uso de la leche de soja y el tofu crudo (hay que cocinarlo).

-También los horneados de harina y cereales procesados (harinas, copos, pan) en general producen muchos problemas respiratorios y de mucosidades.

– Es conveniente reducir todo lo crudo (ensaladas, fruta) de efecto enfriante.

– Evitar pastelería, bollería, levaduras artificiales.

– Evitar el consumo de verduras solanáceas (efectos desmineralizantes): patata, berenjena, tomate, pimiento.

–  Reducir el consumo de especies.

Alimentos que nutren los riñones.

En general, los alimentos que nutren los órganos del elemento agua son los propios del medio marino: algas (especialmente la kombu), algunos pescados y mariscos como la sepia, calamar, gambas, langostinos y ostras y los pescaditos secos, las castañas pilongas, azukis, trigo sarraceno y pastas de sarraceno (soba), condimentos como el miso, tamari, shoyu, tekka, shio-kombu, shio-nori, té de kombu, té mu, sésamo negro, arroz y arroz negro, berros, ortigas, borraja, perejil, hojas de nabo y de rabanitos…

–  Incrementar: el consumo de cocciones largas en las verduras de raíz y redondas,

–  Incrementar el consumo de algas, y sopas de miso.

–  Utilizar cereales más invernales: mijo, arroz integral, trigo sarraceno, avena.

– Incrementar la cantidad de aceite en cocciones, pochando cebollas, etc…

– Utilizar estilos de cocción que nos aporten calor profundo: horno, estofados, salteados largos, presión, mantequillas de verduras, etc….

– Incrementar ligeramente los condimentos salados: sal, miso, salsa de soja..

– Incrementando la proteína, para generar más calor, más legumbres, pescado en caso de que lo tomes habitualmente y proteínas vegetales….

– Si se desea fruta, la tomaremos cocida: compota, horno, plancha, etc….

– Tomar infusiones caliente de tomillo, romero, salvia, regaliz, te de 3 años, incluso puntualmente se les puede añadir unas rodajitas de jengibre fresco.

Estos menús macrobióticos constan de una sopa y/o postre + un plato combinado.

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Sopa de miso con mijo, tallos de puerros y wakame

Ensalada de azukis con aliño de tamari-jengibre

Salteado de zanahorias y sus hojas

Brécol al vapor con gomasio

Tarta de polenta con arándanos

Dashi con udón

Guiso de raíces con tempeh

Ensalada de kale al vapor

Té kukicha

Caldo de Cebolla y apio con tamari

Guiso de sarraceno con verduras dulces

Nishime de chirivías y coles de Bruxelas

Barquitos col rizada con lentejas a la mostaza

Café de cereales

Té de azukis

Gratinado de restos de cereal con bechamel de avena con shiitake y tomillo

Verduras variadas al vapor con aliño agridulce de algas

Té bancha

 

Crema de berros con eneldo fresco

Cebada con azukis y aliño de umeboshi

Zanahorias y apio al vapor con salsa de miso-cebollino

Ensalada de col china con chucrut

Kantén de frutos rojos (gelatina hecha con agar-agar)

Sopa de verduras con fideos de sarraceno

Rollitos de nori con tofu y pepinillos encurtidos

Daikon seco con kombu y cebolla

Rúcula prensada con vinagre de arroz

Té bancha

Sopa de miso con raíces

Arroz con castañas

Hummus de soja negra

Nabos salteados con  ao-nori

Hojas de rabanito al vapor

Té Kukicha

Hamburguesa de trigo sarraceno

Kimpira de zanahoria y arame con jengibre

Ensalada de escarola escaldada con picatostes de tempeh

Té bancha

Té de azukis.

Tallarines de arroz con salteado de col lombarda, pasas y piñones

Estofado de raíces con canela

Diente de león escaldado con sésamo tostado

Manzana al horno con frutos secos

Té Bancha

Crema de puerro y brócoli con genmai miso y tofu ahumado crujiente

Mijo con zanahoria, hijiki, perejil y gomasio

Infusión de hinojo

Preparar un menú macrobiótico va más allá de la simple cocina. Implica presencia y práctica del “aquí y ahora”, es pura alquimia que va más allá del alimento en sí. Es una forma de meditación activa que incorpora el ritual cotidiano que nos nutre y sustenta la vida. Esto es algo que no se puede comprar, que no se puede obtener con dinero sino con la constancia y la dedicación.

 

Artículo escrito por Agnès Pérez.

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CONFUSIONES SOBRE LA ALIMENTACIÓN NATURAL

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Si bien en esta página publico artículos escritos por mi, no puedo dejar de incluir este párrafo del libro “La revolución de una brizna de paja” de Masanobu Fukuoka por ser esta persona un gran referente para mi y por que no hay mejores palabras para describir lo que también siento respecto a la alimentación natural o macrobiótica.

Un joven que había permanecido tres años en una de las cabañas de la montaña dijo un día:
“Sabe, cuando la gente habla de alimentación natural, ya no sé a qué se refieren”.
Cuando piensas en ello ves que todo el mundo está familiarizado con la expresión “alimentación natural”, pero sin comprender claramente lo que en realidad son los alimentos naturales. Hay quien cree que comer alimentos que no tengan aditivos o productos químicos es seguir una dieta natural, y hay otros que vagamente piensan que una dieta natural consiste en comer los alimentos tal como se encuentran en la naturaleza.
Si te cuestionas sobre si el uso del fuego y la sal en la cocina es o no natural, podríamos responder de las dos formas posibles. Si la dieta del hombre primitivo a base sólo de plantas y animales que vivían en estado salvaje es “natural”, entonces una dieta que incluya el fuego y la sal no puede considerarse natural.
Pero si se argumenta que el conocimiento adquirido en tiempos remotos sobre el uso del fuego y la sal era el destino natural del hombre entonces la comida preparada con éstos es perfectamente natural.
¿Es buena la comida a la que se han aplicado las técnicas humanas de preparación, o debemos considerar buenos los alimentos en estado salvaje tal y como se encuentran en la  naturaleza?
¿Podemos decir que son naturales los alimentos cultivados?
¿Dónde ponemos la línea divisoria entre lo natural y lo no natural’?
Puede decirse que en el Japón el término “dieta natural” surgió de las enseñanzas de Sagen Ishizuka durante la era Meijí. Su teoría fue luego redefinida y mejorada posteriormente por los Sres. Sakurazawa (George Ohsawa) y Niki.

El camino de la nutrición, conocido en Occidente como Macrobiótica, está basado en la teoría de la no-dualidad y en los conceptos yin-yang del I Ching. Puesto que con ello suele entenderse una dieta a base de arroz integral, se considera que una dieta natural consiste en consumir cereales integrales y hortalizas. La alimentación natural, sin embargo no puede reducirse únicamente a un vegetarianismo con arroz integral.
Así pues, ¿en qué consiste?.
La razón de toda confusión es que hay dos formas de conocimiento humano: discriminante y no-discriminante
(Se trata de una distinción hecha por muchos filósofos orientales. El conocimiento discriminante proviene de un intelecto inquieto y analítico deseoso de enmarcar la experiencia dentro de un esquema lógico. El Sr. Fukuoka cree que en este proceso el individuo se aparta de la naturaleza. Es la “verdad y el juicio limitados”
El conocimiento no-discriminante surge sin esfuerzo consciente por parte del individuo
cuando se acepta la experiencia tal como es sin ser interpretada por el intelecto. Aunque el
conocimiento discriminante es esencial para analizar los problemas prácticos del mundo, el Sr. Fukuoka cree que en último término proporciona una perspectiva demasiado limitada).
La gente suele creer que el conocimiento verdadero del mundo sólo es posible por medio del conocimiento discriminante. Por lo tanto, la palabra “natural”, tal como suele usarse denota la naturaleza tal como la percibe el intelecto discriminante. Niego la imagen vacía de la naturaleza tal como la crea el intelecto humano, y la distingo claramente de la misma naturaleza tal como la experimenta el entendimiento no discriminante.

Si erradicamos la falsa concepción de la naturaleza creo que desaparecerán las raíces del desorden mundial.
En Occidente la ciencia natural se desarrolló a partir del conocimiento discriminante: en Oriente la filosofía del yin-yang y la del I Ching se desarrollaron a partir de la misma fuente.

Pero la verdad científica nunca puede alcanzar la verdad absoluta, y las filosofías después de todo no son más que interpretaciones del mundo. La naturaleza tal como accede a ella el conocimiento científico es una naturaleza que ha sido destruida, es un fantasma con esqueleto pero sin alma. La naturaleza tal como la aborda el conocimiento filosófico, es una teoría creada sin especulación humana, un fantasma con alma
pero sin estructura. El conocimiento no-discriminante sólo puede tener lugar a través de la intuición, aunque la gente intente enmarcarlo dentro de un ámbito más familiar llamándolo “instinto’. Se trata de un conocimiento procedente de una fuente innombrable. Para conocer la verdadera naturaleza hay que
abandonar la mente discriminante y trascender el mundo de la relatividad. Desde el inicio no hay este ni oeste, no hay cuatro estaciones, no hay yin ni yang.
Al llegar a este punto el joven preguntó: “Entonces usted no sólo niega la ciencia natural, sino que además niega las filosofías orientales basadas en el yin-yang y el I Ching?”
La ciencia y la filosofía tienen su valor como recursos temporales o como indicadores direccionales, le dije, pero no deben considerarse como los logros más elevados. Las verdades científicas y las filosofías son conceptos del mundo relativo y es en éste en el que son verdaderos y tienen valor. Por ejemplo, para la gente actual que se desenvuelve en el mundo relativo, rompiendo el orden de la naturaleza y contribuyendo así al desequilibrio de su propio cuerpo y espíritu, el sistema yin-yang puede servir como un indicador conveniente y efectivo hacia la restauración del orden.
Estos caminos pueden considerarse teorías útiles para ayudar a la gente a lograr una dieta resumida y compacta hasta que lleguen a una dieta natural. Pero cuando te das cuenta de que el eventual fin humano está en trascender el mundo de lo relativo en actuar en un reino de libertad, entonces es poco afortunado avanzar ligado a teorías.

Cuando el individuo es capaz de entrar en un mundo en que los dos aspectos del yin- yang vuelven a su unidad original, entonces la misión de estos símbolos ya ha llegado a su fin.
Un joven que acababa de llegar dijo: Si llegas a ser una persona “natural” ¿puedes entonces comer cualquier cosa que quieras?”

Si esperas un mundo claro al otro lado del túnel, la oscuridad de éste se te hará patente en todo su recorrido. Cuando ya no deseas comer algo sabroso, puedes entonces saborear el verdadero sabor de lo que estás comiendo. Es fácil poner sobre la mesa los alimentos sencillos que componen una dieta natural, pero los que pueden disfrutar de tal festín son pocos.

MASANOBU FUKUOKA (en las fotos) : “La revolución de una brizna de paja”

Hojas verdes comestibles de nuestros mercados

HOJAS VERDES
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Las plantas ejercen una de las funciones más importantes del planeta: proporcionan oxígeno en la tierra y son indispensables porque transforman la energía de la luz del sol en energía química o vital y pueden almacenarla para usarla más tarde. Esta energía de luz química almacenada, cuando los animales y las personas la comen en forma de plantas, es usada como combustible.

Las plantas son el origen verdadero de proteínas, carbohidratos y otras moléculas complejas. Sin plantas, el planeta sería una esfera sin vida que gira, estéril y baldía. Las plantas de hoja son el mejor ejemplo de la ley natural de incorporar (la luz del sol) y de dar (oxígeno).

Hay muchas variedades de plantas de hoja verde comestibles y son tanto las que crecen como hojas por sí solas (rúcula, berro, hojas de mostaza, apio, ruibarbo…) como las mismas hojas de las raíces (de la zanahoria, del nabo, de los rabanitos o rábanos…), las hojas otras verduras como las de la coliflor, del brócoli o de las verduras redondas verdes como todas las variedades de coles.

Propiedades energéticas y bioquímicas de las hojas verdes comestibles

Los vegetales de hoja verde se han usado desde tiempos prehistóricos para depurar el organismo y para curar enfermedades. La medicina oriental asocia el color verde con la primavera y al elemento madera, el cual tiene capacidades de transformación, regeneración y renovación. Por este motivo, las verduras de hoja verde son muy recomendables para nutrir, refrescar y relajar el hígado, uno de los órganos más activos con la vesícula biliar durante la primavera. Las hojas verdes, sinergéticamente, influyen también en los órganos de la mitad superior del cuerpo, es decir, en pulmones, corazón y garganta (es decir, su consumo beneficia estos órganos).

Las plantas de hojas comestibles tienen pocas calorías y muy pocas grasas. En contraposición, contienen mucha fibra, que ayuda a mejorar el estreñimiento, y también hierro, magnesio, calcio, potasio y betacarotenos, precursores de la vitamina A. Cómo muchos vegetales, son un alimento puro e integral, tal como lo ofrece la tierra. También contienen luteína y zeaxantina –que parece que protegen de cataratas y de la degeneración de la mácula– y folatos –muy recomendables durante el embarazo, puesto que intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis de material genético y en la formación de anticuerpos en el sistema inmunológico.

“Las hojas verdes aportan frescura en todo comer equilibrado. Las personas las necesitamos, puesto que sirven de intermediarias para el intercambio de energía entre nosotros y el cosmos” Anne Marie Colbin

Las hojas de color verde oscuro son una fuente excelente de clorofila, que, según han desmostrado algunos estudios, lucha contra el crecimiento de tumores. Fue el médico griego Dioscórides (40-90 a.C.) quien catalogó más de seiscientas especies de plantas medicinales y dijo que los griegos usaban hojas de zanahoria contra los tumores, puesto que contienen antioxidantes que ayudan el organismo a eliminar toxinas, lo cual las sitúa entre los alimentos que ayudan a reducir el riesgo de cáncer.

La clorofila tiene propiedades depuratives de la sangre, de los ganglios linfáticos y de las glándulas suprarrenales.

Las verduras verdes ayudan a reducir inflamaciones tanto en los órganos internos cuando se comen, como externamente si se aplican como remedio casero. Por ejemplo, en casos de fiebre e inflamaciones, se puede aplicar una venda de clorofila picando hojas verdes frescas de col rizada. También ayudan a eliminar tóxicos acumulados por la contaminación, y por este motivo los habitantes de las ciudades o pueblos industrializados tendrían que comerlas cada día.

Gracias a las propiedades antisépticas que tienen, las hojas aromáticas verdes forman parte de pastas de dientes y de desinfectantes de heridas. Masticar hojas de zanahoria puede curar lesiones bucales, la halitosi, el sangrado de encías y úlceras a la boca. También son diüréticas y pueden ayudar a tratar enfermedades renales y edemas. A la lechuga le atribuyen propiedades tranquilizantes y es eficaz para tratar el insomnio y el nerviosismo.

Hojas verdes salvajes

Las ortigas, el diente de león o el llantén son un regalo de nuestros campos y caminos. Consideradas como “malas hierbas”, pisadas e ignoradas por la gran mayoría de las personas, consumidas en infusión, tienen un poderoso efecto depurativo del hígado.

El diente de león y el llantén se pueden consumir frescos en ensalada y las ortigas en sopas y caldos. Éstas últimas son una de las mejores fuentes de hierro para nuestro organismo.

Cómo se almacenan

Los vegetales pierden propiedades alimentarias cuando se almacenan durando mucho tiempos o cuando se cocinan durante un tiempo largo. Por eso, hay que consumirlos frescos y, si los cocináis, que sea poco tiempo, bastante porque queden firmes y de color vivo.

La mayoría de las hojas verdes se pueden guardar a la nevera algunos días, ligeramente humedecidas y adentro de una bolsa de plástico perforada.

Las hojas tiernas se marchitan pronto; vale más comprarlas o recogerlas el mismo día que se consumirán para que no se deterioren.

Cómo se pueden comer

Algunas verduras de hoja verde crecen durante el invierno-primavera (coles, espigalls, escarola, berro, hojas de zanahoria y de nabos, berros de invierno, alcachofas…), y otros lo hacen durante el verano (acelgas, algunas lechugas, berros de verano, hojas de remolacha…).

La mayoría pueden comerse crudas o prensadas en ensalada, licuadas en batidos con frutas de temporada durante el verano o primavera, y ligeramente escaldadas o al vapor durante el invierno, si no queremos enfriar el organismo o si comerlas crudas crea problemas digestivos o gases. También se pueden cocinar deliciosos canelones o lasañas de col, espinacas o acelgas, añadirlas a sopas de miso, a cremas (la de berro es deliciosa). Las hojas del puerro o de la cebolla tierna se pueden picar finas y añadir a las sopas. Las hojas de las zanahorias y de los rabanitos son comestibles y muy nutritivas salteadas con ajo y un poco de salsa de soja o al vapor.

Es muy importante comerlas como mínimo en las dos comidas principales: almuerzo y cenar. Acompañando platos que contienen pescado o carne, facilitan la digestión y son de gran importancia para mantener el equilibrio energético contractivo-expansivo y asimilar la proteína animal que es más densa y puede crear fermentaciones en los intestinos . También se pueden tomar al vapor para almorzar como acompañamiento de una crema de cereales integrales.

Comer verduras verdes de cultivos locales o comarcales –de Km0– y de temporada es la manera más natural de vivir en armonía con el entorno, puesto que evita gastos innecesarios de gasolina o transporte, favorece la economía local y la resiliencia, nos permite consumirlas frescas maduradas en el mismo campo o cultivadas en el momento.

Verduras de hoja verde más conocidas que podemos encontrar a los mercados del Mediterráneo

Es típico de la tradición gastronómica catalana celebrar fiestas arraigadas en los cultivos locales de verduras verdes, como la fiesta de la alcachofa de Santo Boi, las xatonades del Garraf, la fiesta del calçot de Valls o la fiesta del trinchado de Puigcerdá, entre otros.

La lista de verduras de hoja verdes que podemos encontrar a nuestros mercados y tiendas agro-ecológicas es variada y larga: acelgas, alcachofas, apio, berro, borraja, hojas del brócoli, canónigos (tradicionalmente cultivado a los huertos de los monasterios), calçots, cardo, col rizada, hojas de la coliflor, col de paperina y espigalls (típicos del Garraf), coles de Bruselas, puerros y ajos tiernos (la parte verde), rúcula, diente de león, llantén, ortigas (estas cuatro últimas las podemos cosechar salvajes), escarola, espinacas, hojas de nabos, de rabanitos o de zanahoria. Las lechugas más conocidas son el trocadero, el iceberg, la miniromana o cogollos de Tudela, la escarola, la romana, la maravilla, el lollo, la de tallo (también llamado lechuga espárrago) y la hoja de roble.

También podemos hacer un pequeño huerto casa con hojas verdes aromáticas como la albahaca, menta, cilantro, perejil, cebollino…

Años atrás, cuando compraba col, puerros o zanahoria, los labradores del mercado donde compro habitualmente me decían: “Te corto las hojas?”. Ahora ya no me lo preguntan más porque saben que, si una verdura es ecológica, lo aprovecho todo y me regalan las hojas que no quieren otras personas que aún no saben todos los beneficios que tienen!

Para acabar, quiero recalcar que es importante consumir verduras de cultivo biológico, puesto que así nos aseguramos una aportación mucho más elevada de vitaminas y minerales; pero si la verdura no lo es, las partes externas de la planta no se tienen que comer, puesto que traen la mayor parte de los productos químicos con los cuales ha sido fumigada. Es una lástima, puesto que también son las partes que tienen un contenido de clorofila más elevado.

Artículo escrito por Agnès Pérez©. Lo puedes compartir desde esta página. Si deseas usarlo para cualquier otra web o revista, por favor, contacta conmigo.

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LA EFICACIA DE LA MACROBIÓTICA FRENTE A OTRAS OPCIONES

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La macrobiótica, entendida como el conjunto compuesto por alimentación, estilo de vida y sistema filosófico basado en la medicina oriental puede aportar grandes cambios, tanto a corto como a largo plazo en personas que la practican.

Esta transformación que muchas personas, cada vez más, hemos experimentado sobre todo durante la primera época (que puede ser de varios meses o años, se debe básicamente al cambio de dieta, a la incorporación de hábitos saludables como el ejercicio y a la introspección necesaria para revisar nuestras necesidades, ciertas creencias y aspectos de la vida que también necesitan un cambio para facilitar esta transformación individual mediante nuestra actitud.

Nada nuevo ni diferente con respecto a otras propuestas de bienestar que también incluyen dieta, ejercicio y trabajo interior a través de la terapia y/o estilo de vida. La gran mayoría de las dietas funcionan y aportan una notable mejoría, se llamen como se llamen. Esto nos lleva a deducir que en un principio no es el tipo específico de dieta, ni de ejercicio, ni de estilo de vida en cuestión el que opera “milagros” en nuestro cuerpo-mente sino nuestra propia voluntad de cambio y los cambios de hábitos en sí que nos estamos aplicando. A menudo es más importante para nuestro bienestar momentáneo lo que dejamos de comer, incorporar movimiento y más creatividad en nuestra rutina, concedernos un espacio personal y revisar las actitudes que merman nuestra felicidad que lo que comemos exactamente (dentro del abanico de productos saludables, claro) y que el tipo de ejercicio o disciplina cuerpo-mente-espíritu que practicamos.

Reflexión sobre diferentes maneras de comer

Las dietas convencionales, por ejemplo ir a la dietista para quitarse unos cuantos kilos o mantener el peso adecuado, analizan los alimentos y su combinación para formar los menús en base al aporte de nutrientes estipulado como adecuado para cubrir las necesidades del organismo sin tener en cuenta si estos alimentos son ecológicos o no, si son refinados o no y sin valorar el estado energético que crea su consumo a medio y largo plazo. Sólo contemplan el efecto de los alimentos a nivel de peso y masa corporal siguiendo cánones físicos, a menudo establecidos como estéticos por la industria de la moda.

Otras dietas, aunque sean extremistas, pueden ayudar a corto plazo a equilibrar una condición muy desajustada y por tanto extrema, como por ejemplo una dieta crudi-vegana ayuda a relajar, enfriar y desintoxicar una condición muy tensa y con demasiado calor interno producida por el excesivo consumo de carne, embutidos, huevos, sal y estilos de cocción contractivos con mucho fuego (barbacoa, horno, ahumado, proteína animal madurada y conservada en sal). A medio o largo plazo, dependiendo de la constitución de la persona, estas dietas a base de alimentos vegetales crudos, pueden debilitar a la gran mayoría creando frio interno, apagar el fuego digestivo, apagar la libido, etc.

El veganismo, muy noble en su causa de erradicar el sufrimiento animal evitando su asesinato y consumo, a menudo no concede importancia ni al origen de los alimentos, ni a su calidad, ni a cómo afectan los alimentos a la salud humana y por eso existen personas que lo dejan al sentirse debilitadas o no entender el proceso de cambio que se está dando en su fisiología al haber dejado de comer proteína animal o por haber detectado en analíticas niveles bajos de b12, hierro y/o vitamina D. Es posible comer vegano sin carencias o debilidad, ni a medio ni a largo plazo, y de hecho muchas personas lo consiguen estudiando  cómo elaborar menús equilibrados y comiendo alimentos bien cocinados que nutren.

Las numerosas teorías (o modas) alimentarias de hoy día se contradicen entre sí y esto hace que las personas que se inician entren en confusión. Algunas afirman que hay que comer los alimentos crudos porque así están vivos, otras que los crudos al ser muy yin, acidifican y es mejor cocinarlos para quitarles esa acidez y yanguizarlos. Algunas veces se recomienda tomar la fruta entre comidas y otras tomarlas antes de las comidas o tomar poca fruta. Hay quien afirma que no podemos vivir sin proteína animal y quien prescinde totalmente de ella. Los adeptos a los lácteos ensalzan su contenido en calcio mientras que los que están en contra de los lácteos dicen que su calcio no tan asimilable  como el calcio vegetal que aportan almendras, hojas verdes, algas, etc. Para algunas personas el trigo es un alimento ancestral sagrado y para otras, es un veneno tanto por su contenido en gluten como por las modificaciones genéticas a las que ha sido sometido.

Podría seguir describiendo teorías ya que hay muchas muy convincentes.

El simple hecho de cambiar alimentos precocinados, con conservantes, colorantes y pesticidas por verduras frescas y alimentos ecológicos en general proporciona un impacto muy positivo en el organismo que hace que las personas se sientan mejor en poco tiempo.

Esta mejoría viene dada, tal y como describe Mariano Bueno, porque se da prioridad a alimentos regeneradores (que tienen efectos positivos en los procesos metabólicos o biológicos y se les reconoce efectos claramente preventivos de ciertos trastornos de salud o incluso terapéuticos para ciertas dolencias) y a alimentos generadores de vida (imprescindibles para la vida que predisponen a gozar de buena salud) y se reducen o eliminan los alimentos degeneradores (que alteran de forma negativa los procesos biológicos o contienen sustancias potencialmente nocivas o tóxicas), los cuales se reducen a cantidades mínimas o se eliminan completamente de la dieta. Así, se clasifica los alimentos según su aportación global positiva o negativa y a sus efectos nutritivos y saludables.

En la macrobiótica los alimentos degeneradores coinciden con los eliminados de la gran mayoría de las dietas saludables. Son: harinas refinadas, arroz blanco, azúcar blanco, aperitivos salados (patatas fritas, snacks, cacahuetes fritos o muy tostados, leche de vaca y productos lácteos muy procesados con aditivos y azucarados o con edulcorantes químicos, grasas animales y vegetales saturadas o hidrogenadas, carnes procesadas (salchichas, embutidos…), carnes rojas y requemadas, bebidas azucaradas o con edulcorantes, café torrefacto, alcohol sin moderación.

¿En qué se diferencia la macrobiótica de las opciones anteriores?

La macrobiótica da mucha importancia a qué se come, cómo se come, qué propiedades y cualidad energética tienen los alimentos y sustancias que incorporamos a través del medio-ambiente a nuestro organismo. Los clasifica en Yin (expansivos), Yang (contractivos), en alimentos que calientan, enfrían o tienen un efecto neutro, y además tiene en cuenta cómo cambian estas cualidades primarias al ser preparados en diferentes estilos de cocción, al combinarlos entre sí y cómo influyen los diferentes cortes en el caso de las verduras en su sabor y sinergia con nuestro organismo.

……………………………………Extremo expansivo (YIN)…………………………………

Drogas y la mayor parte de los medicamentos.

Productos químicos

Bebidas alcohólicas.

Azúcar refinado.

Complementos vitamínicos.

Edulcorantes: miel, melazas

Jalea real y polen.

Bebidas aromáticas y estimulantes: café, té, menta…

Especias.

Zumos de fruta.

Aceites.

Frutas tropicales.

—————————————–

Frutas.

Lácteos blandos.

Frutos secos.

Vegetales de origen primitivo y tropical: setas, espárragos, solanáceas…

Germinados.

Verduras de hoja.

Verduras redondas.

Raíces.

Semillas.

Legumbres.

Cereales integrales.

Pescado.

—————————————–

Marisco.

Aves.

Quesos curados.

Mamíferos.

Huevos.

Salsa de soja, miso, umeboshi.

Sal marina.

………………………………….Extremo contractivo (YANG)……………………………….

La macrobiótica recomienda consumir mayormente, en porcentajes flexibles y adaptados a cada circunstancia los alimentos en verde del diagrama anterior.

La diferencia fundamental entre la macrobiótica y otros sistemas dietéticos estriba en que ante todo en que no es puramente una dieta sino un acercamiento a las leyes dialécticas del Orden del Universo. Contiene una alimentación preventiva que no considera los desajustes de salud como un enemigo que hay que combatir sino como una ruptura en primera instancia de un equilibrio (sodio/potasio, yin/yang, positivo/negativo, etc). La macrobiótica se desarrolla a través de la comprensión del Principio Único y aplica conocimientos de nutrición para equilibrar la condición física y fisiología de nuestros órganos y sistemas corporales, así como nuestra condición mental (por ejemplo, ayuda a centrar a una persona dispersa).

¿Por qué funciona la macrobiótica?

La macrobiótica funciona porque no sigue dogmas ni estándares estrictos y cambia sus pautas al ritmo de los cambios físicos, mentales y ambientales de cada persona. La macrobiótica nos puede acompañar toda la vida ya que se adapta a ella y a sus circunstancias.

Cuando una persona inicia un cambio de alimentación se valora su constitución, su condición, su momento y su proceso individual. Se la guía con un esquema que se puede aplicar para regularse durante unos meses y a medida que se va sintiendo mejor y también cambia su estado energético, sigue cambiando el conjunto de su alimentación por sí misma a través del estudio y de la auto-observación. En el marco de la macrobiótica medicinal nos hacemos cargo y nos responsabilizamos de nuestro propio proceso en vez de derivar esta responsabilidad en otra persona. Es una medicina del cuerpo entero. La enfermedad es considerada como una advertencia, como un signo amistoso.

La  macrobiótica anima a la auto-reflexión, estimula la consciencia del sí-mismo, la maestría del sí-mismo. Es una vida-alimentación-sanación para la liberación. En la macrobiótica es la persona quien se ha de sanar a sí misma y ser totalmente responsable de sí misma sin depender de un médico, nutricionista o terapeuta. La curación macrobiótica empieza por la auto-reflexión, aunque ésta no se refiere sólo la enfermedad física, sino que se ha de revisar y cuestionar todas nuestras actitudes, nuestros pensamientos y creencias, nuestra alimentación y estilo de vida. La auto-reflexión es el principio básico de la macrobiótica y el auto-diagnóstico es su herramienta práctica.

En el caso de que exista una patología, la persona se puede cuestionar:

–       ¿Dónde se encuentra la causa?

–       ¿Está relacionada con la alimentación?

–       ¿Es de origen emocional?

–       ¿Es algo externo que me está afectando?

–       ¿Quién es responsable?

Tras descubrir la causa de la enfermedad se ha de proceder a un cambio radical en la dinámica de vida, en el comportamiento o actitud hacia las personas y nuestro entorno, pero el primer cambio ha de ser el cambio de alimentación.

Poco a poco, esta nueva alimentación influirá en los comportamientos y en nuestra percepción de un mundo más unido y universal que se irá imponiendo en nosotros de manera natural.

El reencuentro de la salud, una vida plena y longeva, confianza renovada debido a la pérdida de miedos ancestrales profundos son sólo algunos de los efectos de esta revolución interior.

Primeros pasos en la macrobiótica

Existen dos posibles opciones para dar los primeros pasos:

–          Cambiar de manera gradual y poco a poco.

–          Decir: ¡Stop! Y cambiar de manera drástica.

En cualquier caso, es importante dedicarse a estudiar tanto las bases filosóficas (el orden del Universo, el Principio único, las 5 transformaciones, algo de nutrición desde el punto de vista bioquímico, etc.) como practicar en la cocina, convirtiéndola en el templo de la casa donde una entrega una energía que a muy corto plazo le revertirá en cambios que intencionadamente o no, extenderá a su entorno.

Algunas personas que intentan cambiar radicalmente su alimentación hacia la macrobiótica pueden sentir que ésta no es adecuada para ellas y abandonan al cierto tiempo de practicar de manera rígida el estándar recomendado.  Las pautas a continuación son de ayuda para un inicio efectuando una transición más gradual que en muchos casos será más duradera.

1-      Reduce tu consumo de carne y productos cárnicos. Empieza por eliminar la carne roja y reduce la frecuencia a mensual de las ingestas de carne. De este modo, tus sistemas corporales y energéticos se ajustarán más suavemente al cambio. Sustituye el pollo, pavo y otras carnes blancas por pescado. Toma más legumbres.

2-      Reduce el consumo de hidratos de carbono refinados como los productos elaborados con harina blanca (pan, bollería, galletas…) y sobretodo sustituye el azúcar por endulzantes naturales como melazas de cereales, zumo concentrado de manzana, fruta seca…

3-      Elige productos de panadería integrales de los buenos (hechos con harinas ecológicas de buena calidad que no se han congelado, con levadura madre y no con mezclas de harinas reforzadas como los que venden en los supermercados).

4-      Reduce el consumo de lácteos, sustituyéndolos por  bebidas vegetales (leches vegetales: de arroz, avena, kamut, almendra, etc.), mayonesa de tofu o de soja, cremas para untar elaboradas con mantequillas de frutos secos y aprende a elaborar platos que emocionalmente te aportarán la misma energía que los lácteos como natillas veganas, quiche de tofu o queso vegetal, yogures de frutos secos…

5-      Cambia los cereales azucarados del desayuno por un buen müesli sin azúcar, naturalmente dulce a base de fruta seca como pasas, orejones, ciruelas pasas…

6-      Sustituye los bocatas por tentempiés hechos en casa que te aporten energía estable (sustituye el bocata de pan blanco por una torta de avena, por bolas de arroz).

7-      Sustituye las bebidas gaseosas químicas y azucaradas por tés naturales o jugos frescos de verduras.

8-      Toma regularmente comidas completas, asegurándote todos los nutrientes, es decir:

–          HIDRATOS DE CARBONO: cereales integrales (arroz, trigo, cebada, mijo, avena, centeno, maíz…) y derivados (pan, pastas y sémolas integrales, cus-cús, bulgur, copos…).

–          PROTEINAS: legumbres: garbanzos, lentejas, judías, habas, guisantes, soja blanca, verde o negra… y derivados: seitán, tofu, tempeh…Frutos secos.

–          LÍPIDOS: aceite de oliva, de sésamo, de maíz…  y mantequillas de frutos secos.

–          VITAMINAS: frutas y verduras incluyendo siempre una ración de verduras verdes poco cocinadas o crudas.

–          MINERALES: usa una pequeña cantidad de algas en cada comida, semillas (sésamo, calabaza, girasol), verduras…

9-     De manera gradual y a medida que el organismo se limpia de toxinas y memorias de alimentos procesados y quimicalizados, aumenta el gusto por comer alimentos tal y como nos los da la tierra: integrales, con vida; la papilas gustativas recuperan su sensibilidad y sentimos el efecto no solo físico sino también energético de cualquier alimento con mayor intensidad.

10- Haz que los cambios que has incorporado sean una prioridad para ti, evitando que los antiguos hábitos se vuelvan a hacer sitio en tu vida. Si llegara a suceder, es útil que recuerdes que esto forma también parte del proceso de transición hacia una vida más saludable en todos los aspectos de tu ser y que no significa que estés fallando en tu proceso de cambio o de afianzar la dieta macrobiótica en tu vida. Después de una temporada prescindiendo de alimentos procesados, refinados, quimicalizados y extremos y comiendo macrobióticamente, nuestro organismo aprende a asociar sensaciones placenteras a comer de esta manera. Entonces las apetencias por la comida basura o procesada disminuyen hasta desaparecer. Esto, aparte de por haber cambiado nuestras memorias celulares, sucede también debido a que comiendo alimentos integrales de manera adecuada a nuestras características personales, se equilibra el nivel de azúcar en sangre. Este momento en el que nuestra mente ya no vibra con alimentos basura, es el momento en que empezamos a comer con libertad infinita en vez de mecánicamente o compulsivamente.

Recuerda que cualquier transformación desde la propia experiencia es un proceso que requiere de tiempo para encarnarse. La adopción meramente intelectual de teorías e incluso de prácticas sin dar tiempo a que se conviertan en parte de la esencia de una misma no son cambios sólidos, ni duraderos, ni honestos. El cambio de una alimentación convencional moderna a la macrobiótica requiere de mucha perseverancia. En este viaje pueden aparecer tanto etapas en las que te sientas maravillosamente como etapas más difíciles que parezcan frustrantes, la mente puede entrar en confusión y querer volver atrás buscando excusas para volver a consumir alimentos dañinos.

George Ohsawa enseñó que “cuanto mayor es la dificultad, mayor es también la satisfacción”. Esto se puede aplicar a cualquier tema que una trata de controlar.

Una de las mejores lecciones que me ha dado la macrobiótica y que me sigue dando después de tantos años es que hay que afinar en el arte de disminuir el ritmo en la vida cotidiana. Readaptar los ritmos de la vida moderna a los de la naturaleza para recuperar la paz y el sentido de pertenencia a un proceso atemporal y eterno.

Preparar un menú macrobiótico va más allá de la simple cocina. Implica presencia y práctica del “aquí y ahora”, es pura alquimia que va más allá del alimento en sí. Es una forma de meditación activa que incorpora el ritual cotidiano que nos nutre y sustenta la vida. Esto es algo que no se puede comprar, que no se puede obtener con dinero sino con la constancia y la dedicación.

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CÓMO PROTEGERNOS DE LAS RADIACIONES NUCLEARES CON LA ALIMENTACIÓN

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En 1945, cuando sucedió la tragedia de la bomba atómica en Japón, Tatsuichiro Akizuki era Director del Departamento de medicina Interna en el Hospital St. Francis de Nagasaki. Muchos pacientes de este hospital que se situaba a una milla del centro de la explosión, sobrevivieron a los efectos iniciales de la bomba, pero poco después descubrieron que padecían síntomas de enfermedad debida a las radiaciones.

El Dr. Akizuki alimentó a su equipo y a sus pacientes con una dieta estricta basada en arroz integral, sopa de miso y de tamari, wakame, kombu y otras algas, calabaza Hokkaido y sal marina, y les prohibió el consumo de azúcar y dulces.

El resultado que obtuvo fue la salvación de todas las personas que estaban en su hospital mientras que muchos otros supervivientes murieron de enfermedades causadas por las radiaciones. Fuente: Tatsuichiro Akuziki, M.D. Nagasaki 1945, London Quarter books, 1981. (Brown rice, miso, Sea vegetables, Salt)

En 1968 científicos canadienses explicaron que las algas contienen polisacáridos que limitan selectivamente el estroncio radioactivo y que ayudan a que el cuerpo lo elimine. En experimentos de laboratorio, el alginato de sodio preparado con alga Kelp, kombu y otras verduras del mar marrones de las costas Atlántica y Pacífica se introdujeron junto a estroncio y calcio en ratones. La reducción de las partículas radioactivas en muestras sacadas de sus huesos, medidas en los fémures, ascendió a un 80% con muy pocas interferencias en la absorción del calcio.

La evaluación de la actividad biológica de diferentes algas marinas es importante debido a su significado práctico para prevenir la absorción de productos radioactivos provenientes de fisiones atómicas e igualmente por su uso como desintoxicantes naturales. Fuente: Y. Tanaka et. Al. ” Studies on Inhibition of Intestinal Absorption of Radioactive Strontium”, Canadian Medical Association Journal 99: 169-75. (Sea Vegetables)

LOS CEREALES INTEGRALES NOS PROTEGEN

Los cereales integrales nos ayudan a protegernos del deterioro de nuestra salud a causa de los efectos de las radiaciones de cinco maneras:

1. Los granos integrales se encuentran en los estratos inferiores de la cadena alimenticia. Mientras que hayan podido ser expuestos a contaminación medio-ambiental y a radiaciones, no poseen la concentración de contaminantes que se encuentra en la carne y en los pescados grandes, que se encuentran en los estratos superiores de la cadena alimenticia.

2. Referente a la protección contra las radiaciones es importante el alto contenido en fibra y en fósforo de los cereales. La capacidad de protección que estas sustancias tienen ayudan al cuerpo a eliminar venenos.

3. La mayor parte de los cereales reducen el tiempo de tránsito intestinal y de esta manera aceleran la eliminación de todas las toxinas.

4. Ya que no son ni demasiado acidificantes ni demasiado alcalinizantes, los granos integrales nos ayudan a mantener el pH adecuado para aumentar nuestra resistencia a las radiaciones.

5. Los cereales integrales aportan vitamina B6 que es indispensable para el timo. Además, el calcio que contienen nos protege de la ingesta de estroncio radioactivo y su vitamina E y selenio previenen el daño celular causado por los radicales libres.

ALIMENTOS QUE CONVIENE EVITAR:

1. Alimentos refinados, procesados o modificados genéticamente (transgénicos)

2. Alimentos grasos (carne, productos lácteos)

3. Azúcares refinados y bebidas químicas

Fuente: Diet for the Atomic Age by Sara Shannon-Avery Publishing Group Inc., Wayne, New Jersey.

TRADUCIDO POR AGNÈS PÉREZ DE: http://home.iae.nl/users/lightnet/health/radiation.htm

CÓMO CONVERTIR RECETAS TRADICIONALES EN MACROBIÓTICAS

Una de las cuestiones que más preocupan a las personas que quieren cambiar su dieta diaria para hacerla acorde con los principios que rigen la macrobiótica, bien porque están enfermos o porque quieren ganar en salud, es cómo afrontar el día a día en la cocina con los conocimientos culinarios tradicionales. Si se conocen algunos trucos y equivalencias, es fácil convertir un plato dulce o salado en uno macrobiótico: más sano, equilibrado y menos calórico.

Alimentos macrobióticos

La macrobiótica tiene como principio fundamental el equilibrio nutricional y analiza qué efectos tiene lo que ingerimos en nuestro organismo. Básicamente propone alimentos poco o nada procesados por la industria alimentaria, ecológicos, integrales y de producción local. Prioriza el cereal en grano, las verduras y frutas, las proteínas vegetales (entre las que se incluyen las legumbres), las algas, las semillas.

No prohíbe nada, pero generalmente no recomienda el consumo de carnes animales (salvo el pescado y crustáceos), ni lácteos, ni azúcares procesadas, ni alcohol, y tampoco las solanáceas (patatas, tomates, berenjenas). Como nos explica la consultora macrobiótica Agnes Pérez “Los alimentos solanáceos pueden extraer sutilmente el calcio de los huesos y depositarlo en las articulaciones, riñones, arterias y otras zonas del cuerpo“.

Como alimentos extraños para algunos occidentales incluye diariamente fermentados como el miso, la salsa de soja (tamari o shoyu), la ciruela umeboshi, las verduras en piclkes (fermentadas con sal), el gomasio (sésamo con sal) o la tekka (miso, loto, zanahorias, bardana, aceite de sésamo). Y nuevas maneras de endulzar: amasake y siropes de cereales y frutas. Propone un sistema equilibrado de nutrientes: 50% de verduras variadas, 30% de cereales y 20% de proteínas con un caldo de entrante. Todo acompañado de algas y algún pickle.

Cereales y legumbres para platos dulces y salados

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Poco hay que cambiar para hacer un arroz o unos macarrones, salvo que sean integrales y a ser posible ecológicos en ambos casos. Pero es muy interesante el uso de algunos cereales y legumbres para hacer platos dulces. Veamos algunos de ellos:

  • El mijo. Es un cereal muy desconocido, pero muy versátil a la hora de elaborar recetas tanto dulces como saladas. Cuando está cocido queda muy compacto, y esa característica lo convierte en ideal para elaborar albóndigas y para suplir a un bizcocho por ejemplo.
  • Azukis. Es una judía pequeña de color burdeos muy recomendable para personas con falta de vitalidad. Casa muy bien con la calabaza, pero también, añadiendo algo de cacao o algarroba y sirope de arroz, y triturada, puede convertirse en un pastel dulce muy sano.
  • Arroz dulce. Es una variedad de arroz glutinosa ideal para sushi por ejemplo. Como el mijo, convertible en albóndigas, masa de pizza o incluso pestiños junto con pipas tostadas. Con este arroz se elabora también el mochi, una especie de pastillas de arroz, que ralladas se pueden usar para sustituir al queso.
  • Polenta. También es poco conocido y tiene aplicaciones similares al mijo, salvo que se cuece mucho más rápido.

Probando con estas combinaciones es cuestión de echar imaginación. Por ejemplo: si tenemos una trituradora podemos hacer harinas de cereales y legumbres y emplearlas para hacer desde leches vegetales hasta pasta fresca.

Algas, proteínas vegetales y setas en potajes y guisos

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Quienes toman la macrobiótica como su patrón alimentario generalmente acaban por hacer muchas comidas veganas. De esta forma, en lugar de utilizar proteínas animales, se usan vegetales en croquetas, salchichas o embutidos, pero también en los guisos, con un resultado estupendo. Por ejemplo:

  • Seitán y tofu. Derivados del gluten de trigo y de la soja, respectivamente, pueden usarse como sustitutos de la carne en boloñesas o para hacer salchichas y hamburguesas vegetales, por ejemplo. También en cocidos y potajes. Absorben y aportan sabor a los caldos.
  • Algas. Aunque son verduras de mar son estupendas en potajes de legumbres. Sobre todo la hijiki, que junto con verduras, salsa de soja y algo de pimentón no tienen nada que envidiar a unas lentejas o garbanzos con chorizo, por ejemplo. El agar-agar se emplea como espesante y sustituto de la gelatina.
  • Las setas, sobre todo los boletus o las shiitake. En refritos dan un estupendo sabor que recuerda a la carne, tanto que puede hacerse una fabada vegana sin perder sabor.
  • El tempeh. Refrito en aceite de oliva o sésamo puede usarse para una carbonara en lugar de bacon.

Condimentos macrobióticos en la cocina diaria

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Especias fuertes y caldos concentrados dejan paso a otros condimentos con mayor aporte alimenticio:

  • Miso. Es un fermentado de soja, cebada y/o arroz con beneficiosas propiedades entre las que destaca la disminución de productos químicos y toxinas que produce en el cuerpo. Es un excelente sustituto del caldo en cubitos.
  • Salsa de soja. En sus dos versiones: shoyu (con trigo) y tamari (más medicinal) se pueden usar en guisos, salteados y casi cualquier preparación culinaria como sustituto de la sal.
  • Umeboshi. En versión ciruela o pasta es un complemento estupendo para hacer salsas, patés y cremas como mayonesas o el hummus. En versión vinagre puede servir de aliño para verduras escaldadas o cereales.
  • Las semillas. Sésamo, pipas, amapola y otras semillas aportan sabor a aliños, salteados y guisos. El gomasio se hace con sésamo y sal sin refinar.
  • Salsa de tomate. En macrobiótica no se usa por norma general el tomate por ser una solanácea. Se puede sustituir por una salsa que lleva aceite, cebolla, zanahoria, remolacha, miso y laurel.

Versiones dulces de la cocina macrobiótica

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Parece difícil en principio que una dieta que restringe el azúcar tenga una repostería propia, pero es así. En general, para versionar dulces se puede sustituir el azúcar por sirope de arroz o cebada o manzana y combinarlo con cereales, verduras dulces como la calabaza o el boniato y legumbres.

Con algunos conocimientos sobre la composición de los alimentos (qué es proteína, hidratos) y algunos trucos para sustituir condimentos, solo hace falta algo de imaginación y destreza para convertir recetas de toda la vida en macrobióticas . Ganamos salud y sabor e incorporamos a la dieta múltiples beneficios.

Escrito por Helena García Morales – Pachamama.

Fotos de los platos: Agnès Pérez.

Más información sobre consultas y cursos de macrobiótica:

agnesmacrobiotica@gmail.com

Tlf: 638 893 371.